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Vejaciones como molestias o maltratos a una persona por un funcionario, comprendiendo actos indecorosos o agraviantes. Versión policial dudosa ante el no actuarse conforme a las reglas del procedimiento de flagrancia.

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Causa 35.801 – caratulada: “B., I. N. Sobreseimiento”.

Cámara de Apelaciones en lo Criminal y Correccional sala I, rta. 21 de mayo 2009. 

/ / /nos Aires,  21  de mayo de 2009.

Y VISTOS:

I. Debe intervenir el tribunal en virtud del recurso de apelación concedido  por la Sala a fs. 254/vta. al hacer lugar al recurso de queja interpuesto, contra la resolución de fs. 235/242vta. en cuanto dispuso el sobreseimiento de I. N. B..

II. Celebrada la audiencia en los términos del art. 454, CPPN (texto según ley 23.674) y habiéndose resuelto dictar un intervalo en virtud de la complejidad del caso, el tribunal se encuentra en condiciones de resolver.

III.  Se  investiga  el  hecho  ocurrido  el  23  de  enero  de  2007  a  las  13.30  hs aproximadamente,  momento  en  que  el  imputado,  subinspector  de  la  Secc.  51° PFA, se detuvo sobre Av. […], descendió del móvil y se acercó al maxi-kiosco en donde se encontraban los menores F. D. J. V., A. J. B., W. O. C., R. O. G., I. S. D., L. H. H., M. N. G. C., K. F. E. I. y M. N. S., dirigiéndose a éste último a quien le preguntó lo que hacía, dado que lo había visto sacando una botella de gaseosa, siéndole  respondido  que  esperaba  que  le  preparen  unos  sándwiches  y  mientras sujetaba la bebida para consumir. 

Luego de ello, el imputado comenzó a insultar al menor, lo empujó contra unas heladeras y le pegó dos cachetadas. En ese momento, el damnificado le pidió
que lo suelte y P., encargado del kiosco le solicitó lo mismo, a lo que el policía le decía  si  no  se  daba  cuenta  que  le  estaban  robando.  Minutos  después,  accedió  al pedido y los menores se fueron al Club […], siendo seguidos por el imputado en el patrullero.

IV.  En  oportunidad  de  prestar  declaración  indagatoria  ante  la  justicia correccional, pues en esa dependencia se iniciaron las presentes actuaciones, B. se remitió al descargo agregado a fs. 118/119vta., oportunidad en la que señaló que vio  varios  menores  en  un  “maxikiosco”  siendo  que  uno  de  ellos  introdujo  una botella  de  gaseosa  en  su  mochila  mientras  que  el  encargado  del  comercio  se encontraba distraído. 
Ante  ello,  le ordenó al  chofer  del  móvil que  se detuviera  frente  al  local  y notó cierto nerviosismo entre los menores. Así, con el fin de hacer cesar el acto delictivo,  preguntó  al  menor  que  había  tomado  la  botella  sus  circunstancias personales, constatando que eran integrantes de las divisiones inferiores de Club […].

Luego, se dirigió al encargado del comercio quien le dijo no haber notado algo extraño respecto del objeto en cuestión. Igualmente, quien había incurrido en el  supuesto  acto  lesivo  se  encontraba  bastante  alterado,  al  igual  que  otros,  que referían no haber hecho nada. También fue notable y contradictoria la actitud del comerciante pues refirió no haber presenciado hecho extraño, pese a lo cual tomó la botella y la guardó en la heladera exhibidora.

En cuanto a las lesiones que se le imputan, dijo que no tuvo contacto con el damnificado,  solo  un  forcejeo  puesto  que  se  hallaba  bastante alterado,  quizás producto del miedo emergente de haber sido sorprendido “in fraganti”.  

V.  Ahora  bien,  luego  de  un  estudio  de  los  elementos  probatorios acumulados, tanto antes de nuestra intervención agregada a fs. 199/vta. como de
las producidas con posterioridad, concluimos que el sobreseimiento de B. debe ser revocado y, en consecuencia, adoptar una medida de carácter personal y real, tal como lo peticiona el Ministerio Público fiscal.

En  este  sentido,  debe  valorarse  el  testimonio  del  damnificado  quien  a  fs. 232/233vta.  señaló  que,  como  todos  los  mediodías,  se  dirigió  al  kiosco  a almorzar,  tomando  W.  (C.)  una  gaseosa,  que  le  entregó  antes  del  arribo  del patrullero. 

Al llegar éste, estaba saliendo del lugar, pero el policía le dijo que lleve la gaseosa  a su lugar  por lo  cual  entró nuevamente, acusándolo de haberla  robado, circunstancia que negó pues diariamente toman gaseosas a la espera del sandwich y luego abonar, explicación corroborada por el encargado. Sin embargo, el policía estaba  “re  sacado”  y  le  dio  un  cachetazo,  pese  a  que  intentaba  explicarle  lo sucedido.
Luego  de  este  primer  golpe  otro  policía  que  estaba  presente  intervino, retirando a los menores a la calle.

Si bien intentaba aclararle al oficial la realidad, recibió otro golpe igual, lo empujó  contra  un  estante  pero  no  se  cayó,  queriendo  tomarlo  del  cuello, motivando así un forcejeo entre ambos hasta que logró “sacárselo de encima”. 

En  ese  momento,  el  otro  policía  lo  sacó  del  kiosco,  dirigiéndose  al  club, pudiendo observar que el patrullero pasó por la calle.
 

Señaló  haber  sufrido  dolores  en  la  espalda,  pues  lo  golpeó  cuando  lo empujó contra los estantes, en tanto que al policía le sangraba la nariz, aclarando que estaba nervioso por la situación, pero no alterado. 

La  imputación  formulada  por  el  menor,  previamente  puesta  en conocimiento por sus progenitores (cfr. fs. 4/5 y 47/vta.) se encuentra avalada por
los testimonios de dos de los amigos que fueron autorizados a prestar declaración testimonial.
Así, F. D. J. V. refirió que S. estaba saliendo del comercio cuando el policía le ordenó que ingrese, a lo que accedió sin decir nada. Ya en el interior, le dijo al quiosquero  que  el  damnificado  estaba  robando  una  gaseosa  pero  éste  lo  negó.

Luego, intentó manotearle la gaseosa pero se negó ya que le dijo en voz alta que la iba a pagar poniéndose un poco nervioso, recibiendo como respuesta que baje la voz porque estaba hablando con un oficial de policía a lo que S. se negó porque no  estaba  robando,  momento  en  que  le  pegó  una  cachetada  en  la  cara  que sorprendió al damnificado increpándole ello, recibiendo otra igual ya que le dijo que tenía que tener más respeto. 
En  ese  momento,  su  amigo  empujó  al  policía  para  que  no  le  pegue  más mientras que el oficial lo tomó del cuello iniciándose un forcejeo hasta que S. se cayó contra un estante y casi se cae. En consecuencia, intervino el encargado del kiosco recriminándole la actitud.

Luego,  descendió  del  patrullero  el  otro  policía  que  los  sacó  del  kiosco, permaneciendo  en  su  interior  los  dos  oficiales,  el  damnificado  y  el  quiosquero hasta que ingresaron nuevamente y se retiraron con S., haciéndose presente otro policía, yéndose aquél con otro amigo para el club.

En el trayecto a la institución se hizo presente el policía que había agredido a su amigo quien le preguntó dónde estaba, viendo que el patrullero los seguía. 
Aclaró  que  cuando  se  presentó  el  policía  que  oficiaba  de  chofer  ya  el forcejeo había finalizado diciéndole que haga algo porque le estaba pegando a su amigo. 

En  cuanto  a  las  lesiones  que  presentaba  su  compañero,  creyó  que  le sangraba la nariz o la boca y que tenía la remera manchada, al igual que las ropas del policía, aunque no sabe a quién pertenecían las manchas de sangre.
 
I.  S.  D.  se  expresó  en  similares  términos  (cfr.  fs.  226/227vta.),  aclarando que no sabe la persona que separó a las partes que habían iniciado el forcejeo y que su amigo tenía sangre en la remera y cree que también en la cara, sin ver si el policía también. 
En  cuanto  al  otro  policía,  dijo  que  no  hacía  nada  porque  le  refirió  que  B. “estaba re loco y por eso él no se quiso meter”. 

Coincidieron  ambos  en  los  nervios  de  S.  así  como  en  la  alteración  o desorientación del policía. 
Conforme  surge  del  informe  médico  legal  de  fs.  49  S.  presentó  leve tumefacción  y  lesiones  en  antebrazo  derecho,  compatibles  con  presión o  choque  y  roces  contra  superficie  dura  y  de  aristas  filosas,  tal  como  lo  concluyera  el Cuerpo Médico Forense a fs. 115, mientras que la historia clínica da cuenta que permaneció internado en observación debido a dolor en la región lumbar (cfr. fs. 31/37).

Los  restantes  amigos,  si  bien  no  fueron  autorizados  a  prestar  declaración testimonial,  la  versión  que  le  brindaran  a  sus  progenitores  coincide  con  las
circunstancias del hecho denunciado (cfr. en este sentido, declaración de S. C. fs. 7/8 y 57/58; de N. C. B. de fs. 62/vta.; de N. N. C. de fs. 81/vta.; de M. R. R. de fs. 857vta.; de S. V. de fs. 87/vta.; y de O. A. C. de fs. 90/vta.).    

A  ello,  debe  agregarse  el  testimonio  de  C.  G.  P.,  encargado  del  kiosco, quien  a  fs.  12/vta.  y  173/174  señaló que mientras preparaba los sandwiches que los niños le habían encargado, uno de ellos forcejeaba con un policía que le decía algo  así  como  que  “lo  quería  curar  de  espanto  y  que  era  un  pen…  de  m…”

mientras  que  le  decía  que  lo  suelte  acompañándolo  con  movimientos  de  sus manos  siendo  que  una  de  ellas  pegó  en  la  cara  al  policía,  lo  que  generó  que  se altere.  En  ese  momento,  entre  el  forcejeo  colocó  al  nene  en  el  piso  pero  no  vio cómo esto sucedió.
Posteriormente, todos los amigos y él le comenzaron a pedir que lo suelte, lo que finalmente realizó, retirándose del lugar.
En cuanto al motivo de ello, explicó que el policía le decía que le estaban robando, siendo que no sabía si ello era así pues si bien puede ser cierto, también es  verdad  que  los  chicos  iban  habitualmente  al  kiosco  y  comenzaban  a  tomar  gaseosas  mientras  esperaban  la  comida,  abonando  luego  la  totalidad  de  los consumos.

A raíz de la investigación de la división preventora, se obtuvo el testimonio del agente policial M. R. V. quien a fs. 50/vta. explicó que cumplía funciones en la  intersección  de  la  Av.  […]  y  […]  de  esta  ciudad  pudiendo  observar  que  se detuvo  el  móvil  a  cargo  del  subinspector  B.  y  que  ingresaron  al  interior  del kiosco, circunstancia que no le llamó la atención hasta que, debido a que tardaban, comenzó a caminar en ese sentido, pudiendo observar que salían unos menores de edad  vestidos  con  ropas  deportivas  y  los  oficiales,  sin  tomar  contacto  dado  que
ascendieron  al  móvil.  Al  rato  se  dirigió  al  comercio,  siendo  informado  por  su encargado  que  el  subinspector  le  decía  que  le  habían  robado  pese  a  que  él  le contestaba en forma negativa comenzando un forcejeo con uno de ellos, hasta que le dijo que no había robado nada, que por una gaseosa lo deje así, retornando a su parada. 

Por  otro  lado,  quien  oficiaba  de  chofer  del  móvil,  expuso  su  versión  a  fs.

204/205vta., aunque dijo que no observó lo sucedido, dado que su jefe descendió del  móvil  sin  decirle  nada  y,  luego  de  estacionar,  se  acercó  al  comercio  pero  le refirió  que  estaba  manteniendo  una  conversación  con  el  comerciante.  Luego,  le comentó que vio que un chico había introducido una gaseosa en su mochila pero, al alertar al comerciante, éste le dijo que no se metiera y que si le robaban era un problema de él. 
No observó que los menores o su compañero estén lesionados ni tampoco mantuvo diálogo con los primeros, quienes solo le preguntaron por la parada del
colectivo de la línea 130. 

VI.  Así  las  cosas,  como  se  adelantó,  los  elementos  probatorios precedentemente  detallados,  resultan  por  demás  suficientes  para  tener  por acreditado  tanto  la  materialidad  del  hecho  denunciado  como  la  responsabilidad que le cupo a B..

Las contradicciones a las que hace referencia el a quo no permiten, como lo sostiene,  desvincular  definitivamente  al  imputado  pues,  además  que  las
referencias  a  las  que  da  cuenta  en  su  decisión  no  tienen  mayor  relevancia  en cuanto  al  suceso  en  estudio,  ellas  podrán  ser  develadas  en  oportunidad  de celebrarse la audiencia oral y pública, en caso de arribar a dicho estadío procesal, dada la oralidad e inmediatez de dicho procedimiento.
De  este  modo,  como  se  dijo,  con  los  alcances  que  requiere  el  art.  306, CPPN, es posible afirmar que B. ha cometido el delito previsto en el art. 144 bis, inc. 2°, CP, en concurso ideal con el delito de lesiones leves (art. 89, CP). 
En este sentido, la doctrina señala que vejar significa tanto como molestar, perseguir,  maltratar  o  hacer  padecer  a  una  persona.  Las  vejaciones  pueden consistir en todos los actos humillantes que pueden perjudicar psíquicamente a la persona…Según  Núñez,  son  los  tratamientos  mortificantes  para  la  personalidad por  indecorosos,  agraviantes  o  humillantes.  Tanto  pueden  ser  actos  materiales como empujones…En síntesis, vejar a otra persona significa maltratar, molestar, perseguir  a  uno,  perjudicarle  o  hacerle  padecer”  (Derecho  Penal,  parte  especial, Edgardo A. Donna, Rubinzal Culzoni, 2001, t. II-A, p. 178/179).
En el caso de autos, B. increpó al niño tratándolo de “pen… mal educado” (cfr. fs. 226vta.)   y “pen… de m…” (cfr. fs. 173), propinó dos cachetazos al niño
S. a la vez que luego intentó tomarlo del cuello, lo que motivó un forcejeo entre ambos  pues  éste  intentaba  hacer  cesar  el  accionar  del  preventor,  a  consecuencia de  lo  cual  sufrió  las  lesiones  constatadas  así  como  dolor  en  la  región  lumbar producto de haber sido empujado contra un estante.

Así, aún de ser cierta su versión en cuanto a la sustracción de la botella que habría observado mientras estaba detenido a la espera que lo habilite el semáforo, no  actuó  conforme  lo  ordena  la  normativa  legal  vigente  ante  la  comisión  de  un delito “in fraganti”, sino que increpó al niño y lo sometió a esos actos vejatorios, pese a que desde un primer momento –al decir del damnificado y sus amigos- le pedían  que  lo  dejara  pues  S.  no  estaba  sustrayendo  objeto  alguno,  tal  como también en ese momento le dijera el comerciante.
De este modo, la actuación de B. merece un reproche penal y, por ello, debe continuar sometido a proceso. 

VII.  Esta  medida  no  irá  acompañada  del  dictado  de  la  prisión  preventiva, por no darse los extremos previstos en el art. 312, CPPN.
VIII.  Asimismo,  se  debe  evaluar  el  monto  del  embargo  que  corresponde imponer  en base  a  las  pautas previstas  en  el  art.  518 del  CPPN.  Ante  la  posible indemnización  civil  que  pueda  reclamarse,  se  evalúa  el  perjuicio  en  la  suma  de seis mil pesos ($6.000); en cuanto a las costas del proceso (art. 533, CPPN), habrá de fijarse la suma de pesos sesenta y nueve con sesenta y siete (69,67), de tasa de justicia, (art. 6 de la ley 23.898 y Resolución n? 498/91 de la Corte Suprema de Justicia de la Nación). Finalmente, corresponde estimar la suma de dos mil pesos

($2.000), a efectos de cubrir éstas y los posibles honorarios de letrados y/o peritos que se puedan presentar en los presentes actuados (art. 533, inc. 2?, CPPN) por lo que habrá de fijarse la suma total de ocho mil quinientos pesos ($.8500) atento los demás gastos previstos en el inciso 3?, del citado art. 533,  CPPN. 

 En mérito a lo expuesto, el tribunal RESUELVE:
 
I.  REVOCAR  la  resolución  cuestionada  obrante  a  fs.  235/242vta.  en

cuanto fue materia de recurso.

II. DECRETAR el PROCESAMIENTO SIN PRISIÓN PREVENTIVA

de  I.  N.  B.,  de  las  demás  condiciones  personales  obrantes  en  autos,  por considerarlo prima facie autor penalmente responsable del delito de vejaciones en concurso  ideal  con  lesiones  leves  (arts.  45,  54,  144  bis,  inc.  2°  y  89,  CP), disponiendo se mande trabar embargo sobre sus bienes y/o dinero hasta cubrir la suma de ocho mil quinientos pesos ($8.500).
Devuélvase,  debiendo  practicarse  las  comunicaciones  correspondientes  en la instancia de origen. Sirva lo proveído de atenta nota de envío.

 

 

JORGE LUIS RIMONDI

 


GUSTAVO A. BRUZZONE                       ALFREDO BARBAROSCH

Ante mí:

 

 

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