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Dolo eventual en el homicidio. Disparo de arma de fuego con alto riesgo para la víctima (dirigido especialmente aceptación de las consecuencias).

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Causa número 5.106  (Registro de Presidencia 19.548), caratulada: “R., G. N. s/ recurso de casación”.

Sala III del Tribunal de Casación Penal de la Provincia de Buenos Aires. rta. 10 de marzo 2009.

 A C U E R D O

En la ciudad de La Plata, Provincia de Buenos Aires, sede de la Sala III del Tribunal de Casación Penal, a los diez días del mes de marzo de dos mil nueve, se reúnen en Acuerdo Ordinario los señores jueces, doctores Ricardo Borinsky y Víctor Horacio Violini, con la presidencia del primero de los nombrados (artículos 47 y 48 de la ley 5.827) a fin de dictar sentencia definitiva en la causa número 5.106  (Registro de Presidencia 19.548), caratulada: “R., G. N. s/ recurso de casación” conforme al siguiente orden de votación: BORINSKY – VIOLINI.

A N T E C E D E N T E S

En lo que interesa destacar, el Tribunal en lo Criminal número 7 de Lomas de Zamora condenó a G. N. R., a diez años y diez meses de prisión, accesorias legales y costas, por resultar autor responsable del delito de homicidio simple.
Contra dicho pronunciamiento, interpone recurso de casación la Defensora de confianza  (fs.59/62) denunciando arbitraria y absurda valoración de la prueba para tener por acreditado el dolo; errónea aplicación del artículo 79 Código Penal, y violación del artículo 84 del mismo Código.
Solicitó, se case el fallo recurrido, calificando el hecho como homicidio culposo, pues su asistido asumió una conducta imprudente, contraria al deber de cuidado, sin representarse el resultado de su accionar como posible, y el tribunal dio por probado el elemento volitivo (dolo eventual) sin considerar las manifestaciones exteriores de su conducta.
Agregó que la responsabilidad de su pupilo es a título de culpa, ya que no tenía motivo para matar a la víctima sino que los unía una amistad íntima, los hechos se desarrollaron en un clima de broma, existió manipulación previa del arma (en reiteradas ocasiones gatilló sin que se produjera alguna detonación, a tal punto de apuntar y accionar contra su propio cuerpo).
Denunció también que el “a quo” valoró parcialmente las declaraciones testimoniales producidas durante el debate, otorgándoles credibilidad parcial, y a su vez descalificó su validez pese a considerar sinceros los relatos.
Expresó que el fallo contiene conclusiones teñidas de arbitrariedad, al tener por acreditado que su defendido, luego de intercambiar unas palabras con la víctima, extrajo el revólver del bolsillo de su pantalón sabiendo que estaba cargado con una o dos balas, fundamentando tal postura con las testimoniales de B., B., G., A. y Q.; cuando ninguno declaró que el arma tenía balas.
Finalmente planteó que la sentencia adolece de explicación respecto de la existencia de dos armas –una de la víctima y la restante del victimario-, ya que la pericia efectuada a fs. 369 vta. refiere que existió correspondencia entre la incautada y el proyectil extraído del cuerpo de la víctima, y conforme lo expresado en el fallo no era la que portaba R.
Concedido el recurso por el “a quo” (fs. 80 y vta.) y radicado en la Sala con trámite común (fs.92) se da vista a las partes para que se expresen sobre la necesidad de realizar la audiencia de informes (fs.96), desistiendo de la misma la Defensora de confianza, manteniendo el recurso en su totalidad (fs.99), haciendo lo propio el Fiscal (fs. 102/103 vta.) mediante la presentación del memorial sustitutivo en el que postula el rechazo del recurso, considerando que la recurrente intenta ingresar en esta vía a fin de lograr la revisión del fallo que considera adverso dando la idéntica versión que expusiera en el debate, sin hacerse cargo de los argumentos expuestos en la sentencia.
Encontrándose el Tribunal en condiciones de dictar sentencia definitiva, se plantearon y votaron las siguientes
C U E S T I O N E S
Primera: ¿Es procedente el recurso de casación interpuesto?
Segunda: ¿Qué pronunciamiento corresponde dictar?
V O T A C I Ó N
A la primera cuestión el señor juez doctor Borinsky dijo:
- I –
El carril por el que transitan los motivos impone el respeto al hecho del juicio conforme al cual, el 21 de septiembre de 2.001  en el horario y lugar ampliamente detallado en el veredicto, un sujeto se encuentra con J. D. L. y tras una conversación que mantuvieron a uno o dos metros de distancia, extrajo del bolsillo de su pantalón un arma tipo revólver, le apuntó y disparó impactando el proyectil en la región frontal media, provocando heridas que produjeron días después un paro cardíaco y respiratorio traumático por destrucción de centros encefálicos vitales.
En consecuencia, con tal alcance, debe estarse a la base fáctica y razonar conforme a ella  (artículos 210, 421, 448, 451, 456 y 459 del Código Procesal Penal).
-II-
La lectura del razonamiento conclusivo, muestra que carece de los desvíos  atribuidos por la recurrente. El Tribunal, con suma lógica va uniendo las diversas señales que fundamentan la calificación impuesta, descartando el planteo defensista acerca de que la manipulación que su defendido hacía del arma y el hecho de apuntar a cualquier lado fuera aceptado por el resto de los jóvenes como un juego, en un clima de “bromas”.
Para ello, forma convicción con las creíbles declaraciones testimoniales de D. E. A., P. I. Q., M. D. B., R. A. R. y V. G., recibidas con inmediación intransferibles, quienes fueron contestes en afirmar que  L. llegó a la canchita de fútbol del Barrio Agüero donde todos estaban reunidos, exactamente en el sector de la cancha de bochas que se encuentra lindante, y luego de unos minutos R., efectuó con el arma que tenía, un disparo que impactó en el primero de los nombrados, quien se desplomó quedando tendido en el lugar.
Complementa la certeza arribada por el juzgador la declaración de H. E. B. al relatar que el día del hecho se retiró antes que llegara L. y luego de haber intentado sin éxito sacarle el revólver a R., quien lo apuntó y gatilló en dos oportunidades.
Dicha circunstancia fue también narrada por los testigos arriba mencionados, al afirmar que todos se sintieron tensos y con miedo por la conducta de R. Asimismo, valoró fundadamente el Tribunal, que tanto B., como B. y Q. especificaron que el arma estaba cargada con una o dos balas, e indicaron que R. corría el tambor para observar la posición de la bala, como también que gatilló en más de una ocasión el revólver, y cuando llegó L., lo sacó nuevamente a relucir, apuntándole en la cabeza y tras decirle –si quiero te meto un tiro- le disparó en la frente y aquél cayó herido en la cancha de bochas.
Complementan la convicción arribada, los dichos del propio imputado, en cuanto admitió que los presentes en el lugar le decían que guardara el arma, y si bien se reían sentían miedo.
Frente a este panorama, constituye una petición de principio insistir en la existencia de otra arma para ponerla dogmáticamente en manos de la víctima y reseñar un hecho de juego paralelo al que tiene por cierto el veredicto, tras desconsiderar fundadamente, el planteo acerca de la falta de correspondencia del arma incautada y el proyectil homicida, por el que se confundiera el acta de incautación de fs. 5 con la correspondiente a su inspección de fs. 6, a contramano de las creíbles declaraciones de Suárez y Soto, en punto a tratarse del revólver encontrado a poco del homicidio, y a lo que no pone ni quita el error incurrido en la mención de uno de los números correspondientes a su registro.
Convengo con el Tribunal, apoyado en las pruebas pertinentes, serias y decisivas que el imputado actuó con dolo, conociendo que disparaba con un arma que poseía poder vulnerante para ingresar el proyectil en el cuerpo de la víctima.
El dolo es querer realizar los elementos objetivos del tipo, no formando parte del mismo el móvil o motivo que se dice no probado.
Hay dolo de homicidio, y no culpa, cuando el autor somete a la víctima a situaciones peligrosas –como la de dispararle con un arma de fuego– aunque no persiga matarla.
El dolo eventual no se excluye simplemente por la esperanza de que la occisión no se va a producir o porqué no haya sido deseada por el autor.
Hay homicidio con dolo eventual, en quien dispara un arma de fuego contra otro a fin de asustarlo, con un medio que racionalmente puede matarlo y lo mata.
Por otras palabras, hay aceptación del resultado por parte de R. al optar por realizar la acción ya detallada, o lo que es igual, la ejecución de la acción, conociendo los peligros de la misma.
Es más, no sólo hay que concluir con apego al buen sentido y la lógica que R. aceptó el resultado eventual, sino que procuró con el medio utilizado que el fin perseguido se produjera, como en definitiva se produjo, y que lleva a la decadencia del motivo, pues en los momentos del juego que pretendía realizar con el resto de los presentes sabía que gatillaba cuando el alveolo se encontraba vacío, como por lo demás narran los testigos ya mencionados, y cuando repitió la acción con la víctima varió el acto pues no jugó sino que mató, conforme decidiera.
Disparar voluntariamente el arma de fuego hacia otra persona a la que se da muerte como consecuencia de ello, revela, cuanto menos, un dolo eventual de alcanzarla.
El disparo de arma de fuego contiene una alta probabilidad de riesgo para la integridad de las personas y dirigido a una en particular, implica la aceptación de dicho riesgo y de las consecuencias producidas por los disparos, por lo que el dolo afirmado en el fallo se encuentra probado (artículos 79 del Código Penal; 210, 448, 451, 456, 459 y 460 del Código Procesal Penal).
Luego, con la propuesta de retribuir el trabajo cumplido en esta sede con un 15% de la suma fijada en la sentencia (artículo 28 “in fine” del Decreto 8904/77) a esta cuestión, VOTO POR LA NEGATIVA.
A la primera cuestión el señor juez doctor Violini, dijo:
Adhiero al voto del doctor Borinsky, por sus fundamentos, y también me pronuncio POR LA NEGATIVA.
A la segunda cuestión el señor juez doctor Borinsky, dijo:
En atención al resultado que arroja el tratamiento de la cuestión precedente, corresponde rechazar el recurso de casación interpuesto y regular los honorarios de la profesional interviniente en un 15% de la suma fijada en la sentencia de primera instancia (artículos 12, 19, 29 inciso 3°, 40, 41 y 79 del Código Penal; 210, 448, 456, 459, 460, 530 y 531 del Código Procesal Penal; 28 “in fine” del Decreto 8904/77; 47 y 48 de la ley 5827). ASI LO VOTO.
A la segunda cuestión el señor juez doctor Violini dijo:
Adhiero, por sus fundamentos, al voto del doctor Borinsky.
Con lo que terminó el acuerdo, dictándose la siguiente

S E N T E N C I A

I.- RECHAZAR, por improcedente, el recurso de casación interpuesto, con costas.
II.- REGULAR los honorarios profesionales de la doctora María Alejandra Núñez en un 15% de la suma fijada en la sentencia de primera instancia.
Rigen los artículos 12, 19, 29 inciso 3°, 40, 41 y 79 del Código Penal; 210, 448, 456, 459, 460, 530 y 531 del Código Procesal Penal; 28 “in fine” del Decreto 8904/77; 47 y 48 de la ley 5827.
Regístrese, notifíquese y oportunamente, archívese.
RICARDO BORINSKY – VICTOR HORACIO VIOLINI
Ante mí: Andrea Karina Echenique

 


 
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