Instituto de Estudios Penales | Bahia Blanca |

Prevenir, reinsertar… ¿es posible?

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por Romina Schneider*

 

Sumario

1. Introducción.

2. Análisis general de la criminología.

Análisis de los diferentes casos

I.- Menores incapaces.

II.- Delincuencia adulta.

III.- La mujer.

IV.- Enfermos mentales.

3. Sobre la existencia de una mente criminal.

I.- Valor secundario de los caracteres morfológicos.

II – Valor específico de los caracteres psicopatológicos.

La personalidad, el carácter y la conducta.

Los caracteres anormales y la conducta antisocial.

Conclusiones.

La simulación de los delincuentes.

Adaptación del delincuente: irresponsabilidad y simulación.

Extensión de la irresponsabilidad: la locura como causa eximente de pena.

La interpretación científica del delito y del delincuente.

Interpretación exacta del alienado delincuente.

Caracteres del delito en las diversas formas de locura.

El niño inadaptado.

Naturaleza y orígenes de la tendencia antisocial.

4. El origen de la delincuencia en la estructura social.

Enfoque sociológico de la criminalidad.

Los primeros antecedentes.

El Positivismo Biológico.

El Positivismo Sociológico.

Componentes culturales que se incorporan en el ser humano – Los diferentes agentes socializadores

El contexto familiar.

Fracaso escolar y marginación.

Adolescencia y delincuencia.

El consumo marginal de sustancias psicoactivas.

La conducta disocial y delincuente.

5. ¿Pasible de corrección?

Fines de la pena.

6. Conclusiones.

7. Bibliografía.

 

§1.- Introducción

Es de la esencia de la naturaleza humana el tener derechos. El derecho cuya observancia y respeto pueda rehusar cualquier hombre por su propio capricho deja de ser un derecho y se torna en arbitrario beneficio ajeno. El derecho es en esencia libertad y ésta libertad es necesaria al hombre para poder cumplir los propios deberes de la tierra.-

El principio de que el derecho penal defiende el derecho, contiene la justificación del derecho criminal así, en la parte que dicta la prohibición como en la que mide la represión, porque por razón natural nace de ella la proporción de la pena y el mal temido y el cálculo del mismo en relación con los impulsos criminosos.-

La pena es un contenido necesario del derecho. La conciencia del derecho es congénita al hombre y a esa conciencia le es congénita la idea de que cuando un individuo viola un derecho de su semejante, como consecuencia de tal acción, se le debe infligir un castigo. Dondequiera que ha sido violado un derecho, ha surgido inmediatamente el deseo de la reacción, a la cual le ha seguido cuando ha sido posible, la represión. La idea del castigo del culpable es preciso considerarla como un contenido necesario y primordial del derecho y de la naturaleza misma del hombre en cuanto ser moralmente libre y responsable de las propias acciones.-

La tutela jurídica tiene por contenido un triple aspecto por el cual la sociedad debe ejercerla mediante el juicio criminal: el aspecto de la defensa de los ciudadanos honestos que en modo mediato o inmediato se vieron afectados por el delito y que reclaman justamente el restablecimiento de su tranquilidad y de su sentimiento de seguridad mediante la irrogación de la pena al verdadero culpable; el aspecto de los ciudadanos que han caído en el delito y que también deben ser protegidos de los rigores excesivos de funcionarios demasiados celosos; y el aspecto de los inocentes que en una equivocación fatal o la malignidad ajena hizo aparecer como si hubieran incidido en el delito viéndose en esa forma colocados como culpables y a los que se le debe dar amplio camino para la defensa, a fin de que no sean víctimas de errores judiciales, con perjuicio injusto para ellos y con peligro constante para la sociedad que sigue amenazada por el verdadero delincuente impune.-

La política criminal en la Argentina de las últimas décadas se funda en incontrastables suposiciones, desde atribuir todo delito –no sólo la violencia marginal- a las desigualdades sociales y proponer o instrumentar su tolerancia a expensas de las víctimas con lo cual se benefician delincuentes que nada tienen que ver con la marginalidad salvo abusar de ella; hasta la pretensión de limitar a las fuerzas de seguridad tornándolas inútiles como mecanismos de control dotándolas de facultades para la represión de conductas incompatibles con el sistema republicano. También se ha propuesto despenalizar muchas figuras, se establecieron principios favorecedores a la delictividad sobre la base de extremar criterios garantistas. En estos temas se radicalizan las opiniones por el fuerte compromiso que existe en algunos sectores a favor de extremar ciertas garantías a expensas de otros derechos con prescindencia de la opinión de todos los afectados (no sólo de los delincuentes).-

La enmienda del reo es un derecho que existe en el mismo culpable, enmienda lograda a través de una pena que no lo degrade, corrompiéndolo de manera tal que se vea envuelto en el lado más cruel  de la marginalidad.-

Estos son los aspectos que me impulsan a tratar de encontrar en las siguientes páginas una respuesta a los interrogantes que día a día se representan ante tal angustiante situación por la que éste país atraviesa, situación que genera incertidumbre y desconcierto en nuestro modo de pensar y de actuar.-

 

§2.- Análisis general de la criminología.

El análisis de los factores que se conjugan en el hecho antisocial revela la existencia de elementos heterogéneos; ninguna especialización de las ciencias jurídicas ha estado más íntimamente ligada a un gran número de otras agrupaciones científicas que el derecho punitivo. Mezger, en su “Política Criminal sobre la Criminología”, dice que biología criminal y psicología criminal no son otra cosa que la aplicación a los hombres delincuentes de conocimientos y métodos generales biológicos y psicológicos. El singular delito es explicado causalmente como las otras acciones humanas. Por tanto, la biología criminal y la psicología criminal no aparecen en primer término como ámbitos científicos genuinos, son tan solo parte de la biología y de la psicología general.-

Los comienzos de la criminología fueron imprecisos e inseguros y su campo de acción indeterminado. La clínica criminológica no estudia solamente la forma de los delitos propios de la ciencia penal, sino que también se ocupa de contemplar los caracteres de los delincuentes, determinando su grado de inadaptabilidad social o de peligrosidad individual, datos estos indispensables para la graduación de la pena y de los que no puede prescindir el código penal.-

La criminología abarca entre sus propósitos el de disminuir la delincuencia, y a través de distintas investigaciones se han logrado valiosas conquistas prácticas que orientan hoy todos los códigos y organizaciones carcelarias del mundo civilizado. El día que la criminología haya alcanzada sus objetivos, el derecho represivo será innecesario. La norma social requiere la sanción legislativa para erigirse en jurídica y es sólo ésta última que interesa al derecho penal.-

El derecho penal, tiene por objeto y estudio las figuras delictivas, hasta llegar a la más exacta proporción de la pena en relación con el delito y la personalidad de su autor. Para acusar o defender a un delincuente ante un tribunal, es necesario un penalista; para evitarlo o corregirlo es menester un criminólogo.-

Cuando la ley expresamente no ha querido una forma especial del elemento subjetivo, basan para constituir el dolo, cualquiera de los dos elementos: 1) conciencia de la criminalidad del acto y 2) dirección de la acción; esas fórmulas legales no fundan la culpabilidad, sino simplemente la imputabilidad. Diremos que hay imputabilidad cuando el sujeto, en el momento del hecho, tenía las condiciones subjetivas adecuadas para hacer presumir la posibilidad de representarse la criminalidad de su acto o de dirigir sus acciones. Afirma acertadamente Binding, que el verdadero contenido del derecho penal objetivo es una forma protegida por la ley, pues el sujeto que delinque no viola la ley sino que obra de conformidad con lo que ella dice, hace lo que ella establece que es necesario hacer para convertirse en autor del delito.-

El empleo de las conclusiones de una ciencia por parte de otra, no implica desconocer a la última su carácter de autónoma, si el objetivo perseguido es distinto. La criminología logró nuevas conquistas. Si todas las investigaciones criminológicas persiguen un fin, cuando la criminología estudie determinados fenómenos, deberá agruparlos en especialidades.-

¿Cuál es el objeto de la criminología?, Garófalo la llamó “la ciencia del delito”; Ferri, señala que su contenido es el de Sociología Criminal. Siendo el delito objeto del derecho penal, no podrá serlo también de la criminología, pero sí el hombre, y bajo un aspecto no contemplado por otra ciencia para que el mismo tenga carácter de propio.-

El objeto de observación es en realidad el hombre y no el delito que es sólo un aspecto de aquel objeto. El hombre debe pues, adaptarse a esas normas que no trae aprehendidas desde el seno materno y cuando su personalidad se muestra reacia a tal adaptación, entonces interesa a la criminología. El ser humano, como miembro de la sociedad incapaz de adaptarse a las exigencias que la colectividad impone y es susceptible en consecuencia de producir un entorpecimiento en la marcha de la máquina social, lo estudia la criminología. Ningún delincuente hay más peligroso que aquel que conoce la ley y hace uso de ese conocimiento para que sus actos anti – sociales queden al margen de los definidos con sanción.-

La personalidad humana se forma por la unión de capacidades de dos naturalezas distintas, las ancestrales y las adquiridas. Las primeas son constitucionalmente propias del sujeto y las segundas las toma del medio social. Cada contacto del ser con lo que le rodea da origen a una nueva experiencia que se acumula a las ya existentes. La criminología estudia la manera como actúan sobre el individuo los distintos elementos modeladores de la personalidad humana. El objeto de la criminología es: estudiar los factores conformadores de la personalidad humana para modelarla desde la infancia hacia la realización de los actos que sus contemporáneos tiene por buenos y lícitos y reeducar a aquellos cuya individualidad ha sido inadecuada o equivocadamente plasmada.-

La criminología utiliza las conquistas logradas en el campo de la antropología, la sociología, la psicología, etc, pero no se sustentan en ellas. La criminología, al hacer el estudio de las tendencias individuales, toma el concepto del delito fijado por la ley como única medida tangible de la delincuencia.-

Séneca no define la ira, la describe estudiándola también como causa del delito; en cuanto deseo de vengarse, será al decir de Aristóteles, devolver mal por mal. Funda la pena en el bien del delincuente, aún para legitimar su destrucción, haciendo a favor de la pena de muerte el más raro argumento. En Séneca, se encuentra la doctrina moderna de la eliminación penal defendida por los argumentos biológicos. Antes de Lombroso, el hombre que cometía un delito era un factor secundario. El intenso movimiento jurídico penal que se inicia por la obra de Beccaria y se extiende hasta la mitad del siglo XIX, se ocupa de abordar los temas que llenan el ámbito del derecho penal. El estudio de las normas jurídicas y la preocupación por lograr las más exacta proporción entre el crimen y la pena, absorbieron toda la labor de los clásicos. Jiménez de Asúa señala: “cuando Lombroso y sus secuaces dirigen la vista al hombre delincuente y edifican la antropología criminal, revelan una serie de notas comunes a las escuelas anteriores. Los clásicos estudian la construcción de la disciplina jurídico – penal. Una corriente de la escuela clásica, la denominada Crítico-forense, representada por Rocco, postulaba tesis muy semejantes a las de la moderna orientación técnica jurídica de influencia alemana, representada por Binding y Beling, entre otros. Los clásicos dieron un impulso firme al derecho penal. Meyerson, puntualiza las características diciendo que la ciencia es esencialmente explicativa; es decir, que persigue la explicación racional del objeto que investiga. En otras palabras, la relación de causa a efecto respecto de las manifestaciones sociales –positivas o negativas- de las personalidades humanas interesa a la criminología, Siendo entonces objeto de la misma, el estudio de los factores que conforman la personalidad individual en cuanto a lo social.-

El empleo del método sociológico fue propuesto ya por Ferri en su Sociología Criminal, para el estudio de “el todo” de la personalidad. El método es el positivo, el predicado por Augusto Comte, el empleado en la adaptación y en las ciencias físico – naturales de la sociología. La sociología se ocupa del estudio de los hechos sociales tal como ellos se presentan en la realidad. Emilio Durkheim, afirma que los hechos sociales deben ser tratados como “cosas” y agrega: los hechos sociales están integrados por datos psíquicos que provienen de los individuos que en ellos se encuentran.-

Mezger formula críticas a Lombroso en cuanto pretende la existencia de una especie generis humani, determinada desde el nacimiento del delito, pero él incurre a su vez en el mismo error al afirmar que la criminología aplica a los hombres delincuentes conocimientos y métodos generales biológicos y psicológicos, pues sienta a priori la premisa de que el delincuente es biológica y psicológicamente distinto a los demás hombres. Será necesario que el número de individuos de cada grupo bio-psico-sociológico que coincida con los componentes de las demás agrupaciones sea lo suficientemente grande en proporción para que la identificación elimine la acción de la causalidad.-

La experiencia demuestra que de los hombres que salen de las cárceles, luego de cumplidas las condenas, pocos, muy pocos, tiene en realidad propósitos de enmienda. El sólo transcurso de unos días en establecimientos carcelarios preventivos crea en los procesados una psicología distinta que se caracteriza por desconocer las instituciones existentes y el desprecio por las normas que la sociedad impone al individuo.-

Haciendo un distingo entre el hombre psíquicamente normal y el anormal, Walter Wyss sostiene: “lo somático es lo objetivamente concebible del organismo, lo psíquico es vivido subjetivamente”. En la gama de causas y hechos que van del estado normal al anormal, hay un momento variable a partir del cual el sujeto puede catalogarse como francamente anormal.-

La delincuencia es, sin duda, un fenómeno social. La peligrosidad es una manifestación cuya razón de ser es fruto de la naturaleza misma de las agrupaciones humanas organizadas. No obstante, los fenómenos antisociales se revelan a través de una manifestación individual. Dos son pues las fases del fenómeno: una personalidad humana capaz de determinada manifestación y ésta última en relación con la conciencia social.-

La personalidad está constituida por experiencias centrales y adquiridas. Su resultante nos da la personalidad individual. Los factores ancestrales que no constituyen por si solos el carácter del sujeto, son poseídos. Inversamente, las capacidades adquiridas aumentan en cantidad y calidad pudiendo en consecuencia, con el transcurso del tiempo, modelar la personalidad. Es tal la influencia de las capacidades adquiridas sobre el individuo que llega a ejercer acción aún sobre la morfología humana. Hay una diferencia entre funciones psíquicas y sucesos psíquicos. Estos últimos tienen un contenido determinado siendo las funciones psíquicas las que corresponden en su naturaleza a todos los demás procesos vitales y son comunes a todos los individuos humanos. La relación y proporción con que los caracteres se transmiten por vía biológica está aún dentro de lo ignorado. El hombre, aparte de poseer por vía hereditaria determinados elementos necesita primordialmente de la educación y será preciso que la sociedad facilite al individuo los recaudos para que su capacidad intelectual resulte orientada con una directriz benéfica.-

Es solamente cuando las actividades sobrepasan los límites de las facultades concebidas al individuo –constitutivas de los derechos subjetivos- y lesionan los derechos de los demás, que la mirada del observador se dirige hacia ellas.-

El hombre nace con un conjunto de capacidades que son en él constitucionales y cuya resultante es la exteriorización de sus tendencias naturales. En el momento de su nacimiento, el ser humano sólo posee las capacidades ancestrales que ira despertando  y poniendo de manifiesto a medida que avanza su desarrollo general. Sobre la base de esas experiencias esenciales se construye la personalidad. Hasta los caracteres físicos que parecían substraerse de esa influencia, son modificadas por las capacidades adquiridas.-

Son esas ideas las que impulsaron a Gall y a Lombroso, a crear la frenología y la antropología criminal. Lombroso trabajo dentro de un círculo vicioso al estudiar las causales de la delincuencia en grupos de delincuentes olvidando observar si esas manifestaciones aparecían o no en el resto de los hombres. Hay observadores que con criterio unilateral creyeron circunscribir la etiología de la delincuencia a las manifestaciones psico-patológicas. La no adaptabilidad de esos sujetos debe ser remitida a la inadecuada modelación de su personalidad, en la que las capacidades adquiridas no han ejercido sobre las tendencias naturales una acción que se oriente en un sentido socialmente positivo. Esas personalidades son inducidas al hecho anti-social. Hay tendencias individuales y exigencias sociales y es necesario adaptar las primeras a las segundas pues éstas son las que varían.-

Lombroso hizo notar que en el niño se podían observar las manifestaciones y sentimientos que serían anormales y verdaderamente criticables en los adultos. Tales actividades son la consecuencia del estado de suspensión de desarrollo psíquico en que el niño se encuentra.-

Ferri hace de lo inmoral lo antisocial; un delito es acción prohibida y castigada por la acción antijurídica y es también una acción inmoral que revela en el hombre tendencia antisocial más o menos peligrosa. Lo inmoral y lo prohibido tienen un sector de superposición constituido por aquellas limitaciones éticas que la ley penal ha tomado haciéndolas respectar bajo amenaza de sanción.-

La ira es una reacción espontánea y natural en el individuo no educado; aquélla no se aprende y lo que puede conseguir la educación es dominarla. Aquel sujeto cuyas tendencias naturales no son paliadas por la educación del medio, ha de ser seguramente un sujeto inadaptado. La personalidad humana, en la proporción que está constituida por datos adquiridos, es el fruto de la vida en relación. Sea como consecuencia de la imitación como dice Tarde, de la representación colectiva de la que habla Durkheim o de la interacción usando la terminología de Simmel, es el medio a través del cual el sentir, el pensar y obrar de los unos, provoca manifestaciones similares en los demás. Es por obra del medio que se producen en los componentes de grupos, reacciones análogas fruto del ámbito común de experiencias. El hombre en cuyas manos está puesto el poder y la facultad de disponer y conservar una buena administración de la justicia tiene el deber de enseñar a los hombres cuales son las normas a respetar. La criminología tiene por objeto aportar a la personalidad los datos necesarios para conocer lo que los contemporáneos tienen por bueno y por lícito y surge la necesidad de dar al individuo la oportunidad de adquirir esos datos para poder exigirle que los respete.-

El contenido de la conciencia social no se reduce solamente a las normas que deben ser respetadas indispensablemente para la posibilidad de la vida en común. Agrupa además, una serie de nociones y de datos que, al no ser respetados, no provocan una tensión psicológica que se calificara como anti-social. Esas normas son las ideas morales y la moral es también sin duda una manifestación surgida de la vida en sociedad.-

Hay una gran compenetración de lo ético y lo permitido. La moral incide en los sentimientos más directamente que las normas de autodefensa social; es preciso que la piedad, la generosidad y el amor intervengan en forma constante para impulsar el avance de la solidaridad humana.-

La voluntad humana dicta aquellas premisas con propósitos utilitarios tendientes a asegurar una nueva concepción artificial del hombre. Antes de existir normas jurídicas protectoras emanadas del organismo estatal fueron defendidas esas imposiciones humanas por la fuerza individual de los titulares de algún derecho. Tales grupos conformados por los titulares se unieron con el propósito de protección común. Así debieron emanar de la autoridad las primeras normas.-

Puesto que lo natural es que el ser humano no se adapte al engranaje de la vida del conglomerado social, es la obra artificial del hombre la que, consciente o inconscientemente, debe colocarle dentro de los límites que otros hombres se impusieron antes a sí mismos.-

La personalidad humana da una resultante psíquica que es exclusiva de cada sujeto; todo aquello que el individuo aprehende y experimenta aún sin intentarlo, pasa a formar parte de su personalidad, de su educación integral y sus manifestaciones sociales son seguidas por la resultante de esas experiencias y de la naturaleza de las que en su personalidad predominen. El ser humano, en tanto su organismo tiene capacidad receptiva, sigue adquiriendo experiencias. Esos datos psíquicos los toma cada sujeto del medio que es el más íntimo, el de “su medio”, siendo la educación integral la modeladora de su personalidad individual. Los estímulos externos son referidos al conjunto de datos que posee el individuo y son susceptibles de una desviación, un rechazo o una absorción y aún una acumulación, según sea la naturaleza de las capacidades poseídas. Toda personalidad se completa, en efecto, con tendencias de múltiple naturaleza, sin excluir las ilícitas; todos, tenemos algo de delincuente en potencia. En esa función de distintos estímulos hay un porcentaje de reacciones no dominables o controlables sólo por aquellos sujetos que han consagrado una particular e intensa labor al proceso de auto-educación que conduce al dominio de sí mismo. Es necesario someter al individuo a un proceso de adaptación, socializando sus tendencias, enseñándole.-

La enorme mayoría de los hombres conoce de las instituciones, de las ideas, de las cosas y de los aspectos que una ínfima mayoría se ha propuesto hacerles ver. Ese aspecto de la cuestión es susceptible de generar hechos sociales tomados de dos maneras distintas: a) de parte de aquellos individuos que no han adquirido la noción de respeto a las normas, sea por falta de oportunidad, de interés o de capacidad; y b) de aquellos otros lo suficientemente inteligentes para llegar a comprender las ficciones pero no lo bastante para entender la necesidad de respetarlas, la inconveniencia de manifestarse individualmente contrario a ellas mientras rigen.-

El hombre no es bueno ni malo aisladamente; está su personalidad en concordancia con las normas que predominan en el medio en que vive o choca con ellas. La sociedad impone la conducta a seguir, dando con ello la pauta de lo lícito y lo ilícito encargándose la educación de poner al día a los hombres que se van sucediendo.-

Dado que el haz de datos que constituyen el “yo” individual puede aumentar durante toda la vida del sujeto por obra de la acción inter-psíquica de los componentes de las agrupaciones humanas y que las capacidades heredadas pueden ser desviadas de su orientación como resultado de la influencia de las adquiridas, surge que la sociedad reserva a la educación en todos los medios la función de aportar a la personalidad los datos más utilizables en la vida de relación. La educación deberá orientarse de tal modo que, seleccionando las influencias absorbibles, se presente al hombre un medio de asimilación capaz solamente de mejorar su personalidad social facilitando y procurando así su adaptación. La sociedad puede y debe defenderse de los inadaptados, pero en estricta justicia, está inhibida de tratar de igual manera a quien le proporcionó una educación adecuada respecto a quien le mantuvo privado de ella. Para poder exigir el respeto de las normas que hoy emanan del Estado, es necesario que ese organismo se ocupe de que la educación llegue a todos los componentes del conjunto sometido a un orden jurídico, lo contrario, implicará injusticia.-

Es indudable que la cultura tiene influencia en la plasmación de sentimientos. La mentalidad infantil está tan límpida de capacidades y experiencias que según la opinión de la mayoría de los psiquiatras es puramente recepticia hasta la edad de siete años. Es ese el motivo de que el niño tenga por regla general una memoria extraordinaria, pues el pequeño número de datos que posee hace que existan muy pocas posibilidades de confusión y que los conceptos se fijen hondamente y con toda claridad. Ese terreno virgen ha de ser excelente medio de recepción para los diversos estímulos.-

Las primeras capacidades que el ser humano adquiere son de naturaleza emocional como parte del proceso biológico. A ésta primera sensación sigue el instinto primario que corresponde al espíritu de conservación, prolongándose durante la vida del individuo y evolucionando con él.-

Las criaturas tienden a la imitación. Tal vez sea ésta una consecuencia del instinto de libertad traducido en él, en su voluntariedad, natural en el ser humano y en todos los del reino animal. También las exigencias orgánicas ofrecen oportunidades para modelar la personalidad psíquica infantil. Lo importante es acostumbrarse a ceder frente a aquellos a quienes debe respecto y obediencia. Las ideas de los niños se forman de las personas con quienes conviven y conservan. Se puede comprender que un niño creciendo en una societas sceleris se convierta en un miembro útil a la humanidad si se le encamina hacia un medio más sano y se le da una educación más conveniente.-

La educación descuidada o mal orientada es generadora de muchos vicios que por vía de acción o de inacción en el hombre restan armonía al grupo. Los hechos antisociales implican eludir las barreras de las restricciones individuales impuestas por el grupo. La pobreza intelectual de los delincuentes los torna incapaces de abrigar la satisfacción que experimenta el hombre honrado ante el deber cumplido. El hecho anti-social responde al deseo de eludir ciertos requisitos o a la falta de dominio de sí mismo lo que es también falta de controlar de los impulsos y en consecuencia la educación y voluntad. La inconstancia coloca al hombre en inferioridad de condiciones y lo convierte en sujeto inadaptado por poco eficaces a las necesidades de los grupos. Esa convicción y el lugar que ocupa en la sociedad los lleva a cometer actos de injusticia, por indiferencia o ignorancia, resultando así peligrosos en más alto grado por ser mayor el perjuicio que está en condiciones de causar. El castigo oportuno y proporcionado a la edad y falta cometida, acompañado de una sensata reflexión debe dar buenos resultados en la mayoría de los casos. Cuando el castigo es desmedido e inoportuno, desorienta y acobarda y su trascendencia puede ser altamente perniciosa. Los dos extremos son malos. La estrechez y la severidad excesivas conducen a la anulación de la iniciativa individual y tronchan toda manifestación voluntaria, y en consecuencia, la posibilidad de autocrítica. De las múltiples facetas que la mentalidad humana presenta, tres de ellas, se complementan en el individuo con un valor preponderante para la determinación de una personalidad socialmente positiva. Son ellas: la honradez, la voluntad y la inteligencia.-

El delincuente es un sujeto de mentalidad pobre alcanzada mediante la observación de un grupo de individuos cuya manifestación ha sido sorprendida por la ley.-

El sentido de la honradez se genera en la infancia. En ese aspecto, las palabras de los padres y demás personas cuyo trato se frecuenta, actúan en modo esencial sobre la personalidad infantil. Se necesita un mayor perfeccionamiento funcional en el cerebro que el que el niño tiene para que los conceptos se afirmen. En aquellos casos en que los menores han sido puestos en manos de la justicia, se busca restituir a la sociedad a los que han observado buena conducta y demostrado propósito de enmienda, asegurándoles trabajo para que puedan desenvolverse normalmente en el medio. La única forma de llegar a una reducción efectiva de las  manifestaciones anti-sociales, pues de nada valen los propósitos de corrección si los menores al ser restituidos a la sociedad no encuentran posibilidades de readaptación.-

Uno de los sentimientos que parecen ser más naturales al ser humano, es el propio a la relación del progenitor y engendrado. Un desarrollo progresivo se encuentra condicionado por los distintos factores del ambiente en que el individuo desenvuelve sus actividades. Constituyendo el hogar la única vertiente de absorción de capacidades para esos individuos, es natural y lógico que sus personalidades se configuren a imagen y semejanza del único modelo que poseen. Quienes tienen a su cargo la tutela del desarrollo afectivo de los niños deben tender a que sea cada vez mayor el número de individuos que abandonan el estado de transición para alcanzar la edad adulta en lo social.-

En la escuela, la personalidad infantil es sometida a las primeras pruebas al recibir los múltiples estímulos de un medio distinto de aquel con el que ha estado en contacto hasta entonces. Los maestros, los compañeros y los amigos, ejercen un influjo eficaz sobre la personalidad. En la época escolar, los menores son sometidos a una triple influencia, resultante de la acción de los padres, los maestros y los compañeros.-

La familia y el aula se complementan en la tarea educativa que forja el “yo” y para poder llegar a un efectivo mejoramiento social del ser humano, ha menester que la educación que en ambos se reciba tenga una orientación única, tanto en lo que se refiere a los sentimientos como a la cultura.-

Dice Nathan que, “la educación escolar es susceptible de contrarrestar el influjo de la familia, pero si participa de sus errores, su acción nefasta se añade a la anterior”. El profesor Augusto Morisot deduce que en todo caso, no es tanto la pobreza en sí lo que lleva al delito, como los son las consecuencias morales, psicológicas u ocasionales que la acompañan y que engendra.-

La cultura modela la personalidad, en cuanto aporta a su masa un gran número de experiencias, pero cuando falta la base sólida de una educación, los conocimientos que se alcanzan por medio del estudio o la información no puede subsistir esa base, que es la que define las tendencias, independientemente de la cultura o la ignorancia.-

Una misión digna de un gobierno también digno es, que se preocupe y ocupe por elevar el nivel social de su pueblo y suprimir las deficiencias de la educación. El problema no es tan simple, la miseria es, sin ninguna duda, un factor de vital importancia en el desenvolvimiento de la personalidad, no solamente psíquica sino también física. Tal situación se constata en que, los infantes mal alimentados comienzan por tener un desarrollo orgánico inferior a los de su misma edad con buena nutrición y esa deficiencia resiente el organismo todo, repercutiendo en el desarrollo intelectual.-

Otro aspecto de importancia es la selección de los amigos. La edad crítica, entre los trece y veintidós años, se encuentra psicológicamente enfrentada con dos fuerzas que le arrastran con singular intensidad: las enseñanzas adquiridas en el hogar que se han infiltrado profundamente en su ánimo y el medio social en que comienza a desenvolverse particularmente condicionado por sus pares. Es posible apreciar que en esa época se manifiestan también los sentimientos altruistas. El deporte, el afán de ciertas investigaciones, la lectura entre otros, son elementos del más alto valor para la información del andamiaje de la futura personalidad.-

Las costumbres y el medio que rodean al niño son determinantes de la educación integral del hombre del mañana y modeladores de su personalidad. Quien ha pasado su vida en un medio ordenado, ha de sentirse inclinado hacia manifestaciones acordes con la consciencia social imperante. Aquellos otros individuos que han frecuentado desde la infancia, o aun en el estado adulto el trato de mal vivir, tendrán que sobreponerse a él por la percepción y asimilación de otros estímulos que pueda haber recibido fuera de se ambiente y que sean capaces de compensar la acción de ese factor.-

Lanzado el hombre en la lucha por la vida, la tarea de la educación queda a su cargo y él mismo es quien selecciona del medio las experiencias, el hombre hace que tal discriminación no sea tan estrictamente personal como “prima facie” pudiera parecer. El hombre es un ser racional con capacidad de dominar sus pasiones e impulsos instintivos para someterse a las normas que el mismo se ha visto forzado a crear. Es la posibilidad de modificar sus tendencias naturales adaptándolas a las exigencias del medio. Cuando esa capacidad de auto-contralor desaparece, la naturaleza humana en poco o nada se diferencia de la de los otros componentes del reino animal. La educación modela la voluntad humana contrarrestando el efecto de las tendencias socialmente negativa.-

Sea porque sus tendencias naturales están tan fuertemente diferenciadas y definidas que no han podido ser compensadas por las experiencias adquiridas, sea porque sus ideas le han permitido comprender la ficción de alguna de las normas sociales y le llevan a romper con ellas, en cualquiera de éstos casos no podría hacerse responsable a la sociedad y ella estaría en la plenitud de su derecho el defenderse de esos sujetos que entorpecen el ritmo normal de la agrupación. Tenemos así, tres categorías de individuos peligrosos: los anormales, los no educados y los inadaptados propiamente dichos. La consecuencia tiene que ser, forzosamente, la variación del criterio con que las penas deben ser cumplidas.-

El primer grupo encuentra su atención en establecimientos de asilos especiales para alienados delincuentes o peligrosos deberá estar bajo dirección y asistencia de psiquiatras legistas. En la enorme mayoría de los casos, no solamente se lograría un beneficio social, sino también individual. La función preventiva y represiva debe quedar en manos de los médicos. La creación de esos nosocomios especiales permitirá someter a los delincuentes internados a un período prolongado de prueba tendiente a citar a la vida en común, como curados, enfermos que solo han experimentado una mejoría.-

El segundo y tercer grupo de miembros peligrosos son los que forman en su totalidad la población de las prisiones. Sobre ellos debe ejercer su acción el régimen carcelario. Para que pueda realizarse con posibilidades de éxito una tarea de readaptación son necesarios, edificios apropiados y personal especializado. La labor preventiva para los componentes de estos grupos es de gran magnitud.-

Un cuarto grupo podría constituirse con los alcohólicos y los toxicómanos. Son sujetos predispuestos por un fondo neurótico que tratan de comenzar con el tóxico la sensación de inferioridad que los persigue. Estos individuos que una vez entregados al vicio carecen de toda voluntad deberían ser internados en establecimientos apropiados hasta su curación. Luego de efectuada la curación, debería tratar de investigarse cual ha sido, en cada uno, el motivo determinante de la inclinación al vicio para la adaptación de acuerdo a las exigencias de cada caso.-

No existen medios únicos ni políticas independientes y bastantes para la solución de tales cuestiones; éstas demandan: estudio interdisciplinario, acción multisectorial, variedad de instrumentos, coordinación racional de informes, valoraciones y tareas. Es preciso partir de una infraestructura informativa que establezca el necesario concierto entre la gestión privada y la pública.-

Con el nacimiento de la criminología comienza a adquirir carácter científico el régimen carcelario. Desde el momento en que la pena deja de tener el carácter de un castigo pasando a convertirse en una medida de doble finalidad de defensa social y educación o reeducación individual, la función de los sistemas carcelarios es la que más directamente actúa en la adaptación del delincuente.-

Para el penalista, el delito es el acto u omisión por las leyes penales. Pero este método dogmático no satisface a un análisis sobre el comportamiento antisocial. La actividad iusnaturalista es la primera que se somete a la atención del criminólogo y de cuya respuesta depende el posterior desarrollo de la criminología. Rafael Garófalo pensó que el crimen consiste en una lesión a los sentimientos que componen la condición irreductible para la subsistencia misma del agregado humano. Estos sentimientos son, sintéticamente, la piedad y la probidad, asociada aquella a la integridad de la salud y a la conservación de la vida y vinculada la segunda, a la incolumnidad de los bienes patrimoniales del hombre y del grupo. Ese delito identificado por Rafael Garófalo  como la lesión a los sentimientos de piedad y probidad en la medida media en que los tiene una sociedad, éste esfuerzo de precisión y concisión, arrojó el concepto de “derecho natural” contrapuesto al de “derecho artificial” o legal bajo requerimientos concretos y con fines específicos de diverso carácter. La ética, función normativa de la adaptación individual al medio y el derecho penal, organización defensiva del medio contra la inadaptación del individuo, se transforman continuamente. Modificándose el juicio acerca de ciertos actos en cualquier sociedad, puede advertirse un desequilibrio manifiesto entre las sanciones morales y las legales. Ese desequilibrio entre la evolución de la ética y del derecho, es la causa de la diferencia entre el “delito natural” y el “delito legal”.-

Hay pues, “mala acción” o “mala vida” (delincuencia natural) toda vez que un acto aislado o una conducta permanente son antisociales; hay “delito” y “criminalidad” (delincuencia legal) cuando el acto o la conducta tienen una calificación especial en las leyes vigentes. En suma, ambas implican, inadaptación moral e inadaptabilidad legal respectivamente.-

Junto a esas manifestaciones antisociales que la sociedad tolera y que permiten al individuo mantenerse “honesto” frente a sus leyes, coexisten desembozadas y hostiles las que el Código Penal pueden alcanzar y que arrastran a la cárcel.-

Encontramos así, en todos los hombres que permanecen bajo el nivel de la moralidad, la ineptitud constante para adaptarse a las condiciones que en cada colectividad humana limitan la lucha por la vida. Tales sujetos carecen de las aptitudes imitativas que permiten al hombre honesto adaptarse a las costumbres de la sociedad en que vive.-

La calificación legal de los actos delictuosos varía tanto como las normas de la ética social que regulan la conducta. La ley puede seguir clasificando como delitos ciertos actos que ya no lo son para la moral de la sociedad en que ocurren.-

Existe pues, una vasta serie de delincuentes que violan la ética de una época determinada (delincuencia natural) sin violar la ley (delincuencia legal) y hay también delitos legales que ya son consentidos por la moral de su tiempo. Ello obliga a tener presente la relatividad de toda ética o de todo derecho. La moral y el derecho son resultados naturales de la experiencia social y están siempre en formación continua; las diferencias entre el delito natural y el delito jurídico relativos a la moral y a la ley escrita, dependen del desequilibrio entre las sanciones éticas y legales en el curso de la evolución social.-

 

Análisis de los diferentes casos:

I – Menores incapaces:

El mayor caudal de la delincuencia se integra ya con menores inimputables o con jóvenes adultos. Se advierte que los menores infractores proceden de sectores marginales, sea por la economía, sea por la cultura, sea por ambas acciones comunicadas. Si atendemos al origen geográfico, muchos son el resultados de procesos migratorios de aglomerados deficientes, de una débil integración comunitaria. Entre los factores de marginalidad figura un urbanismo aparentemente incoercible. El enjuiciamiento de los menores deberá tomar nota sobre la raíz del fenómeno y combatirlo a fondo sin limitarse a repetir los sistemas de la justicia para los adultos. El signo general debería ser: sustituir los regímenes de tratamiento basado en la exclusión social por aquellos que fomentan la participación. Esto concluye en la firme decadencia de las correccionales cerradas, en la desaparición de ideas y actitudes punitivas y en el forzamiento de las medidas recuperatorias. Las ideas contemporáneas proclaman la terapia como medio de integración social y es preciso que el menor vuelva al medio abierto o permanezca todo el tiempo en él mediante una tarea consciente y coherente como oportunidad terapéutica.-

Todas las anteriores cuestiones reclaman respuesta y habrá que darla a través de la racionalidad en la política de población que contemple inteligentes sistemas de planeación y modos pertinentes de distribución con eficiencia del impulso del desarrollo. La planeación, infraestructura, estímulo fiscal, crediticio y seguridad, reforma educativa que localice y racionalice en vista de la demanda, los centros de enseñanza etc., serían las herramientas necesarias para la reinserción de los menores. –

Es necesario subrayar el dato demográfico de estos fenómenos, esto es, la relación entre, las transformaciones sustantivas de la delincuencia y las manifestaciones subjetivas o personales de ella traducidas en una mayor actividad antisocial juvenil. Los menores han estado presentes, siempre en la historia de la delincuencia. Las investigaciones tradicionales sobre criminalidad tomaron en cuenta particularmente a los adultos. Los criminólogos de la menor edad han examinado la fenomenología delictiva de los menores, las formas y las características de las conductas antisociales de éstos. Esta abarca, junto a las formas de criminalidad tradicionales, tres términos frecuentes: la antisociabilidad gratuita y recreativa, la famélica y la evasiva o la curiosa.

El crimen gratuito o recreativo es el que se comete sin razón aparente, sin un motivo explícito y probado, simplemente por hacerlo o acaso para distraerse. Atrás de estas conductas excesivas y de primera intención gratuita, existirán casos oscuros de psicopatía o de sociopatía, formaciones de un complejo criminal o impulsos de una subcultura violenta. A veces el delincuente es un enfermo social agrupado con el inválido físico y el inválido psíquico.-

La antisociabilidad famélica es aquella en que se cae por la simple necesidad, sea que ésta responda verdaderamente a un apremio de subsistencia biológica, sea que atienda a un requerimiento de “presencia social”. Su necesidad de ser socialmente y pertenecer son de ahora, no del porvenir.-

La tercera expresión delictiva juvenil es la evasiva o curiosa, con la cual el niño, el adolescente, el joven, quieren sustraerse a su mundo o bien se interesan por llegar a nuevas experiencias o al menos abreviándolas. En este punto surgen raras sociedades entre el ímpetu juvenil, el descrédito de las estructuras, soluciones y autoridades tradicionales, explicando estas expresiones sus frecuentes ataduras.-

 

II – Delincuencia Adulta:

De las prioridades para el manejo del delincuente adulto figura la reorganización judicial y procesal. Una justicia lenta insiste en la marginalidad del infractor. El estudio de la personalidad, dispuesto por la ley y verdaderamente realizado, habrá de extenderse durante el doble momento del juicio –gracias al “expediente de personalidad”, paralelo al “expediente sobre los hechos y la participación”- y del tratamiento. La indagación acerca del individuo busca recoger y proyectar el dato personal y con éste, mantener más allá de la conclusión sólo jurídica, la vigencia integral del sujeto que es la base para el reacomodo.-

 

III – La Mujer:

A un lado o asociado con la marginalidad por razones o sin razones de género político, económico o social, la ha habido o la sigue habiendo, con muy notoria intensidad, con base en el hecho biológico del sexo. Bajo las actuales estructuras presentes continúa la marginación de la mujer. Ocupan planos de menor responsabilidad. Considerando la política educativa, la información, orientación, educación certeras, dependerá la revaloración social de la mujer.-

 

IV – Enfermos Mentales:

En atención al individuo con problemas de salud mental se optó por la integración y dejó a un lado, la corriente exclusión social del enfermo. Una constelación de factores ha creado nuevos riegos de alteración mental y ha multiplicado los ámbitos fronterizos. Se pone énfasis sobre la atención a crónicos irrecuperables. En las instituciones se ha de marchar hacia la integración familiar del sujeto dentro de los planes de rehabilitación. Se crearon los llamados “talleres protegidos” en los hospitales especializados como mecanismo para la incorporación. Pero no basta la preservación de la salud, es preciso insistir en la salud mental comunitaria por medio de programas de amplia proyección social y de sistemas de consulta especializada para el reconocimiento temprano de ciertas proclividades o la detección de síntomas que han de poner en guardia al médico y a la comunidad.-

 

§3.- Sobre la existencia de una mente criminal

El estudio de los factores antropológicos del delito se funda sobre el examen clínico de los delincuentes.-

El mérito mayor de la Escuela Positiva Italiana que recibió impulso de Lombroso, fue poner de relieve la importancia del factor individual en el determinismo del delito. Los trabajos iniciales de Lombroso, Marro y Virgilio, encararon el estudio de los delincuentes desde el punto de vista de sus anomalías morfológicas.-

Mediante investigaciones, las anomalías morfológicas visibles, las deformidades, las divergencias del tipo medio, constituyeron un vasto arsenal científico sobre el cual se fundó la biología de los delincuentes. Sobre la base de esas anomalías morfológicas, la Escuela Lombrosiana intentó constituir un “tipo delincuente” especial. En esos caracteres se encuentran en abundancia las anomalías morfológicas comunes a todos los degenerados. Lombroso, al principio concibió al delincuente nato como un “degenerado atávico”, después lo asimiló con el “loco moral” entrando al terreno de la psicopatología criminal. Sostuvo más tarde, que se trataba de un “atavismo moral”. Creyó por fin, que el delincuente nato padecía una “epilepsia larvada”. Explica el delito como “neurosis”, una particular distrofia motiva la epilepsia por deficiencia nutrición del sistema nervioso central. Todas estas hipótesis habrían podido reducirse a una sola: la degeneración. El delincuente nato de Lombroso sólo adquiere existencia real desde el punto de vista psicológico prescindiendo de sus caracteres físicos degenerativos.-

I – Valor secundario de los caracteres morfológicos:

Con el transcurso de los años, la Escuela Positiva, modificó su primitivo criterio acerca de la etiología criminal: los delincuentes, además de presentar anomalías morfológicas, tenían anomalías psicológicas perfectamente definidas.-

El estudio morfológico de los delincuentes es un estudio general que sólo sirve para determinar el grado de la degeneración congénita o adquirida. El único estudio específico de los delincuentes es el de su funcionamiento psíquico. Estudiando la morfología criminal se observó a los delincuentes la existencia de los caracteres comunes a todos los degenerados; los propios de los delincuentes sólo pueden estudiarse en su psicopatología.-

II – Valor específico de los caracteres psicopatológicos:

El delito es un acto; todo acto es la resultante de un proceso psicológico de adaptación del individuo a las excitaciones del medio que le rodea. Cometer un delito es obrar, es una manera de obrar. La actividad anormal –que en relación ambiente se manifiesta como acto antisocial- es producida por el funcionamiento anormal de la psiquis. Los caracteres morfológicos (cuando existen) pueden tomarse en cuenta como exponentes visibles de la anormalidad resultante de la degeneración fisiopsíquica, pero no son esenciales para la ejecución del acto delictuoso.-

Los delincuentes tienen anormalidades psicológicas especiales que los arrastran a cometer delitos o les impiden resistir a su posibilidad. Esas anormalidades del funcionamiento psíquico tienen su marco exterior en los caracteres morfológicos. Las anormalidades que los constituyen pueden ser deficiencias o perversiones morales, trastornos de la inteligencia o defectos de la inhibición voluntaria, pero siempre corresponden a desordenes funcionales de la actividad psíquica. De allí se desprende ésta conclusión: el estudio “específico” de los delincuentes debe ocuparse de precisar y clasificar sus anomalías psicológicas. El estudio esencial y específico de los delincuentes debe ser el de sus anomalías psicológicas.-

El estudio de las causas determinantes del delito evidencia que junto a los factores sociales y físicos existen siempre factores antropológicos del delito representados por anormalidades de los delincuentes.-

El hombre en su conjunto está representado por la personalidad, el carácter y la conducta. El desarrollo mental de cada individuo tiende a plasmarse en el ambiente mental de la sociedad en que vive; la experiencia individual se forma dentro de la experiencia social. En sus capas fundamentales podemos descubrir las tendencias e inclinaciones congénitas recibidas hereditariamente como síntesis de la experiencia biológica ancestral, “mentalidad de la especie”; en las capas medias están todas las adquisiciones producidas por la influencia del medio en que el sujeto evoluciona, sintetizando la común experiencia de la sociedad, “mentalidad social”; en las capas superficiales vemos representadas las variaciones estrictamente individuales, los perfeccionamientos recientes de la personalidad, los hábitos mentales que son un distintivo de cada uno, “mentalidad individual”. La acción educativa del medio es una constante adaptación de las tendencias psíquicas hereditarias a la mentalidad social colectiva; es decir, la educación es un proceso continuo de adaptación del individuo a la sociedad.-

La “personalidad social” es pues, el instrumento de la conducta humana. En el desenvolvimiento individual intervienen dos factores: la herencia y la educación:

La “herencia”, es la base que sustenta la formación de la personalidad y el temperamento es el conjunto de esas tendencias congénitas. Un temperamento es una predisposición inicial para sentir y reaccionar de cierta manera. Las tendencias congénitas determinadas exclusivamente por la herencia, constituyen el instinto; son hábitos adquiridos por los ascendientes y transmitidos hereditariamente. Existen tendencias comunes a todos los individuos de la especia –hábitos adquiridos en la evolución filogenética- y tendencias particulares a los miembros de cada agregado al grupo social –hábitos adquiridos en la evolución sociogenética-; las primeras son biológicas, las segundas, sociales. Ambas se manifiestan por predisposiciones a constituir la experiencia individual.-

La “educación”, es el proceso continuo de adaptación del temperamento congénito al medio social. La “personalidad individual” es el resultado de las variaciones del temperamento mediante la educación. La “conducta” es el resultado de la variación de las tendencias hereditarias mediante los hábitos adquiridos por la educación.-

En resumen, la herencia biológica constituye el temperamento y se traduce por tendencias. La educación constituye la experiencia individual representada por hábitos adquiridos. La personalidad individual es el resultado de las variaciones de la herencia mediante la educación, constituye el carácter y se manifiesta por la conducta.-

 

La personalidad, el carácter y la conducta.- La adaptación de la conducta individual al medio social requiere cierto equilibrio de los elementos constitutivos de la personalidad. Cuando ese equilibrio falta, la conducta es inadaptada y el individuo comete actos que la sociedad juzga inmorales y las leyes califican de delictuosos.-

La desigualdad humana es un postulado fundamental de la psicología. Esa enorme variabilidad psíquica individual se manifiesta por diferencias iniciales de aptitudes; las causas de esa desigualdad son manifiestas: por una parte, influye la diversidad de las tendencias congénitas (herencia) y por la otra, la diversidad de la educación (experiencia individual) subordinada esta última a la influencia del medio físico y social.-

Las diferencias de aptitudes mentales dependen de la estructura del organismo y especialmente de los órganos encargados de las funciones psíquicas. La educación puede desenvolverse cuando existe, pero no pueden crearla cuando faltan.-

La diferencia de educación de las aptitudes originarias determina desigualdades. Estas diferencias son tan sensibles en el orden afectivo y activo como en el intelectual. Cada carácter –estáticamente- es la resultante compleja de la actividad psicológica individual; la conducta –dinámicamente- es el carácter en acción. La anormalidad se traduce por la anormalidad de la conducta.-

 

Los caracteres anormales y la conducta antisocial.- Cuando los actos que exteriorizan el carácter individual no se adaptan a las condiciones sociales de la lucha por la vida –representadas por su moral y concretadas en su derecho- los actos son socialmente inmorales o delictuosos. Un carácter es socialmente anormal cuando tiene a manifestarse por actos antisociales. En éste sentido todo acto delictuoso es la expresión de una anormalidad del carácter transitoria o permanente, congénita o adquirida. Esa anormalidad del carácter puede ser causada por desequilibrios de la personalidad debido a la perturbación de cualquiera de las funciones psíquicas.-

La conducta delictuosa puede ser producida por la anormalidad de cualquier función psíquica repercutiendo sobre todo el carácter y desadaptación del medio social y se define como patológico todo carácter que se manifiesta por una conducta inadaptada del medio social. Si la inadaptación no es nociva, el hombre es simplemente “extrasocial”; si además es inadaptada es nociva a la sociedad o a sus componentes, el hombre es “antisocial” y según los casos, será inmoral o delincuente.-

 

Conclusiones.- Cuando los actos que exteriorizan el carácter individual no se adaptan a las condiciones sociales de la lucha por la vida, representada por la moral y concretadas en el derecho, los actos son, socialmente inmorales o delictuosos. Por eso la psicopatología de los delincuentes debe estudiar el valor de sus actos con respecto a la sociedad.-

La inadaptación social de los actos es el resultado de desequilibrios diversos entre la personalidad y el medio en que actúa. Esos desequilibrios son originarios de algunas de las funciones psíquicas que componen el carácter, en los diversos delincuentes se observa un predominio de las anomalías morales, intelectuales o volitivas, lo mismo que los caracteres normales. En ciertos casos todas las funciones psíquicas están intensamente perturbadas y la conducta antisocial es el resultado de un carácter patológico completo.-

 

La simulación de los delincuentes.- La simulación como medio de la lucha por la vida puede aplicarse a los delincuentes. Estos en general figuran entre los individuos más simuladores. Estudiando la simulación de éstos estados patológicos se comprobó que la simulación tiene un fin delictuoso.-

En ciertos casos la simulación de la locura resulta un recurso eficaz contra el ambiente jurídico: ser considerado loco excluye la responsabilidad y exime de pena. El instinto de defensa contra el delito es en su origen una manifestación refleja. Todo ser vivo, en presencia de una acción que perjudica la vitalidad, reacciona contra ella. El acto defensivo no es deliberado, sigue inmediatamente a la acción perjudicial, no interviniendo en su determinación procesos psíquicos superiores.-

Este es el núcleo biológico de todo el derecho punitivo: rechazar cualquier acto que represente una agresión a nuestra vida, sea lesionando el organismos, sea privándonos de los medios de subsistencia; con ese mismo fin se desarrollan las instituciones penales. El fenómeno puramente biológico de una defensa contra una acción perjudicial se transforma en fenómeno sociológico; el delito, y por consiguiente su represión, aparecen como hechos sociales.-

 

Adaptación del delincuente: irresponsabilidad y simulación.- La función de la justicia es la reacción social contra el delincuente y se concreta en leyes. A ellas corresponde castigar en representación del agregado social las agresiones contra la persona de cualquiera de sus miembros. Entonces, la lucha del delincuente contra la sociedad se transforma en lucha contra las leyes. El delincuente adapta sus medios de defensa antijurídica a las transformaciones de las leyes penales; ante cada transformación, el delincuente deberá transformar de manera correspondiente, sus medios de lucha contra él. Este adapta, a través de los medios delictuosos, su conducta para eludir la responsabilidad. El desarrollo del fraude en la lucha del delincuente contra el Código Penal es cada día más pronunciado. Entre esos innumerables recursos de fraude dispone el delincuente de la simulación, pues oculta el adversario lo que necesita conocer para defenderse; al mismo tiempo que le muestra caracteres que no justifican ninguna reacción penal.-

El objetivo del delincuente es, eludir la pena. La mayoría de los delincuentes alegan causas que atenúan la responsabilidad: la legítima defensa, el ejercicio del derecho, la mayor fuerza, la fuerza irresistible, etc. Con frecuencia los defensores alegan el estado de ebriedad involuntaria como eximente o atenuante de la responsabilidad. Por fin, el delincuente, persiguiendo la irresponsabilidad para ser eximido de pena, puede alegar o simular el estado de la alienación mental previsto en la ley.-

La ventaja del simulador consiste en ser declarado irresponsable burlando la aplicación de la pena. Eludida la acción de la justicia, el simulador espera un tiempo prudencial variable según las circunstancias mejorando gradualmente de su enfermedad hasta la completa curación. Admitida la locura, no hay responsabilidad ni pena; curada la alienación, el sujeto recupera la libertad.-

 

Extensión de la irresponsabilidad: la locura como causa eximente de pena.- Es pasible de pena todo sujeto considerado responsable del acto antisocial que realiza; se le atribuye esa responsabilidad suponiéndole dotado de libre albedrío, éste, en definitiva, es base de la voluntad criminal.-

La historia de la Edad Media es rica fuente de información sobre la escasísima importancia atribuida a la locura como causa de irresponsabilidad. Pero tal estado de ignorancia no podía perpetuarse, algunas legislaciones comenzaron a admitir entre las causas de irresponsabilidad, la “locura total”, las anomalías congénitas. Al declinar el Siglo XVIII, la legislación penal inglesa, consideraba irresponsables a los idiotas y locos. En los demás países, por esa época, la ley penal consideraba la locura como simple atenuante, o no hacía mención alguna a su respecto. A fines del Siglo XVIII, dos grandes causas contribuyeron a extender la irresponsabilidad de los alienados. Por una parte, la Revolución Francesa trajo nuevas ideas altruistas, igualitarias, etc. Con cariz humanitario llegándose a diseminar por los países civilizados; en la actualidad todos los códigos eximen de responsabilidad a los alienados.-

La responsabilidad penal no podía limitarse a la locura. Otros estados ponen al hombre en situación de nos ser “idéntico a sí mismo”, haciéndole actuar en disconformidad con las tendencias de su carácter: la ebriedad, el hipnotismo, el acceso de ira o de intenso dolor, etc. Además, ciertas anomalías o enfermedades especiales que implican una deficiencia o perturbación de funcionamiento psíquico, han sido asimiladas –o tienden a serlo- a las enfermedades mentales. La ley condena al delincuente por considerarlo responsable, en virtud de poseer libre voluntad de cometer o no del delito, no condena al delincuente alienado por considerarlo irresponsable, en virtud de no poseer libre voluntad de cometer o no del delito. El responsable es punible; el irresponsable, no es punible.-

 

La interpretación científica del delito y del delincuente.- El delito aparece como entidad abstracta susceptible de castigarse como expresión de la maldad intencional del delincuente proporcionándose la pena a la gravedad de los efectos del delito y a la apreciación de las intenciones del delincuente.-

Para determinar los caracteres fisiopsíquicos del individuo que impulsan al hombre al delito se establecen factores convergentes que se han dividido en dos grandes grupos:

I - Factores endógenos: biológicos, propios de la constitución fisiopsíquica de los delincuentes; se manifiestan bajo forma de modalidades especiales de la conformación morfológica y de funcionamiento psíquico de los delincuentes.-

El estudio de los factores biológicos constituye la antropología criminal. Comprende, a su vez dos partes:

a) la morfología criminal que estudia los caracteres morfológicos de los delincuentes; y b) la psicología  criminal que estudia las anormalidades psíquicas de los delincuentes.-

II – Factores exógenos: mesológicos, propios del medio en que actúan; pertenecen al ambiente físico o al ambiente social.-

Los factores externos o exógenos constituyen la mesología criminal. Comprende a su vez dos partes:

a) la sociología criminal que estudia los factores sociales del delito; y

b) la meteorología criminal que estudia los factores meteorológicos llamados también físicos, naturales o telúricos.-

Ninguno basta por sí sólo para explicar la etiología del delito. Su coexistencia es necesaria. El único estudio específico de los delincuentes es el de su funcionamiento psíquico. La actividad anormal –que en relación al medio se traduce en acto antisocial- es el producto de un funcionamiento psíquico anormal.-

Todos los delincuentes no presentan anormalidades psíquicas semejantes. La clasificación de la Escuela Positiva determina: natos, locos, habituales, pasionales, ocasionales. Las cinco categorías de delincuentes constituyen de dos grandes grupos: a) el primer grupo comprende a los delincuentes que presentan divergencias psíquicas intensas repercuten sobre su fondo moral bajo formas de ausencias congénitas del sentido moral (delincuentes natos o locos morales) o se traducen por profundos desequilibrios de la inteligencia (delincuentes locos); carecen de aptitudes para comprender el carácter delictuoso de un acto encuentran en la criminalidad la exteriorización natural de sus tendencias antisociales o manifiestan con ella su incapacidad para adaptarse a las condiciones de la lucha por la vida propias de su ambiente. b) en el segundo grupo está comprendidas los delincuentes que carecen de aptitudes para resistir a la idea criminosa toda vez que ella resulta de una crisis psicológica transitoria (pasionales) o de condiciones inherentes al medio social (ocasionales). Sustraídos a esa crisis, son aptos para pensar, sentir y orientar su conducta. Constituyen un grupo intermedio los delincuentes que comenzaron su carrera criminal bajo el influjo de los factores externos.-

Tenemos entonces, un grupo de delincuentes con intensa degeneración psíquica constituidos por los natos y los locos; otro con escasa degeneración psíquica formado por los pasionales y ocasionales. Por fin, fluctuando entre ambos, los habituales, pero que por la adaptación a la vida criminal adquieren una intensa degeneración de su personalidad.-

El delincuente nato se caracteriza psicológicamente por la ausencia congénita del sentido moral; sus formas de acción son de carácter violento adaptadas a su manera de ser. Los caracteres mentales de estos delincuentes son los menos propicios para la simulación. La insensibilidad para consigo mismo y para con sus cómplices, la falta de temor a la pena, la confesión de estar dispuestos a delinquir nuevamente, la indiferencia ante el número y la intensidad de las condenas son otros tantos factores psicológicos que alejan a los delincuentes natos de simular la locura para eludir la pena.-

En el delincuente loco la simulación de la locura, la “sobresimulación” tiene fines jurídicos sumamente subjetivos y de ésta pueden distinguirse dos formas: en la una el simulador obedece a las causas que la determinan generalmente en los alienados; en la otra, se presenta como medio de lucha usado por éste contra el ambiente jurídico durante el proceso. Poseen una intensa degeneración; el delincuente de ocasión y pasional tiene como causal los factores sociales, el ambiente empuja al delito.-

Dos condiciones predisponen a los delincuentes de este grupo a la simulación de la locura. La normalidad intelectual les permite tener consciencia clara de su posición jurídica y de la eficacia de los recursos utilizables para eludir la represión. La moralidad casi honesta de éstos delincuentes hace que el delito hace que el delito, la pena, la vida carcelaria, choquen abiertamente sus sentimientos. El delincuente para simular la locura necesita tener conciencia de la utilidad jurídica de la simulación. Ningún delincuente cuyas anomalías no le impidan ponderar su situación legal simularía la locura sin el estímulo de la salvadora irresponsabilidad.-

Todos los simuladores de la locura, por ser delincuentes son meramente anormales; pero la posibilidad de simular la locura con fines jurídicos es independiente de esas anormalidades.-

 

Interpretación exacta del alienado delincuente.- En el estudio criminológico de los delincuentes se diseña dos grandes grupos fundamentales, según que en la determinación del delito predominen los factores biológicos, anomalías congénitas o adquiridas o los factores mesológicos propios del ambiente cósmico y social.-

El verdadero alienado delincuente, el loco que delinque a pesar de serlo y el delincuente que enloquece, son igualmente irresponsables. De allí que la simulación de la locura para obtener la irresponsabilidad puede plantear tres casos distintos:

1- el delito es efecto de la locura simulada;

2- el delito ha sido cometido por un sujeto que simula estar alienado aunque no es efecto de su alineación;

3- la locura simulada aparece después del delito.-

En los tres casos se elude la represión penal.-

El origen impulsivo de un delito no es exclusivo de la locura; por el contrario, encuéntraselo con tanta frecuencia en los delincuentes cuerdos como en los alienados.-

El carácter impulsivo de un acto delictuoso no basta para autorizar un diagnóstico diferencial entre el alienado y el simulador. En general, los delitos de los simuladores son pasionales o fraudulentos. Cuando hay una verdadera impulsividad encuadra en reacciones automáticas, desproporcionadas; en los alienados, la impulsividad mórbida suele ser excitada por fenómenos delirantes o alucinatorios.-

 

Caracteres del delito en las diversas formas de locura.- En los estados maníacos la tendencia al delito es diversa según la intensidad de los síntomas. En la simple excitación suelen producirse desórdenes, contravenciones, incidentes personales, etc. En las manías agudas los delitos propiamente dichos son raros. El maníaco delinque en plena inconsciencia, su delito carece de motivos lógicos, es impremeditado, accidental, no elige víctimas no distingue a las personas de las cosas, no disimulan sus síntomas.-

En los melancólicos los actos delictuosos pueden nacer de tres causas diversas: a) de sentimientos dolorosos e ideas fijas; b) de estados afectivos propios del período ansioso; y c) de ideas delirantes o fenómenos alucinatorios.-

A veces intenta actos destructivos contra las personas y las cosas para convencerse de que aún es capaz de querer y obrar. El agente obedece a fines de consuela y alivio moral relacionados con su estado mental. Los delitos suelen ser impulsivos, irresistibles; como suele creerse autor de sus propios males, eso lo arrastra a actos de violencia contra sí mismo.-

En los estados delirantes agudos de origen tóxico, los delitos revisten caracteres parecidos a los observados en los maníacos: las intoxicaciones, alucinaciones y delirios, accesos de ansiedad y el delirio celoso, arrastran a violentos actos impulsivos contra las personas y las cosas; el delito se realiza en plena consciencia.-

En el carácter histérico domina, soberana, la tendencia al fraude en todas sus formas; todos los delitos que pueden ser fruto de la intriga, la mentira, el engaña, son posibles en estos sujetos.-

Los delirios sistematizados o paranoicos figuran después de los epilépticos en la estadística de sangre; los delirios de persecución constituyen la forma de locura que más ocupa a los médicos legistas. Pueden dividirse en tres grupos con relación a las reacciones criminales: a) los que no reaccionan contra sus perseguidores; b) los que reaccionan contra sí mismo; 3) los que reaccionan contra sus perseguidores. Las relaciones del delito con la epilepsia genera formas simulables, únicas que confieren irresponsabilidad. La locura y el carácter epiléptico pueden acompañarse de todas las formas del delito. Las crisis o psicomotrices pueden determinar delitos impulsivos, irresistibles, inconscientes. Una amnesia completa o parcial suele seguir al delito del cual el epiléptico sin recordar absolutamente nada del drama del que fue protagonista.-

Los actos delictuosos de los imbéciles son determinados por trastornos afectivos que los arrastran a cometer homicidios, lesiones personales y otros actos violentos de exterminio. Son incapaces de premeditación suelen servir de instrumento para la criminalidad ajena; por sí mismos sólo son capaces de contravenciones determinadas por su inadaptación al ambiente social.-

En resumen, los alienados los mismo que los cuerdos, pueden delinquir obedeciendo a las causas comunes de criminalidad.-

El delito de los simuladores sólo excepcionalmente es lógico dentro de la forma de locura simulada; la locura no suele simularse como causa del delito sino como sobrevenida en el delincuente después de iniciado el sumario. Desde el punto de vista médico-legal la locura “alegada” tiene una importancia equivalente a la simulada. En la práctica de la psicopatología forense son indispensables tres reformas: a) todo delincuente supuesto alienado debe ser observado en una clínica psiquiátrica; b) deben ser peritos los médicos de la cínica; y c) el plazo para la observación será determinado. La posición jurídica presente de los simuladores de la locura es la de los delincuentes comunes no atenuada ni agravada por la situación.-

La causa fundamental de que algunos delincuentes simulen la locura reside en la deficiente organización de los actuales sistemas de represión penal; es un medio de mejor adaptación a las condiciones de lucha por la vida. Esta lucha en los delincuentes es esencialmente antisocial. La sociedad reacciona contra los delincuentes expresando esa reacción en leyes penales que forman parte de su ambiente jurídico. El delincuente en su lucha contra la represión social aprovecha las deficiencias del ambiente jurídico.-

Demostrando que la simulación de la locura por los delincuentes nace del criterio jurídico que aplica la pena según la responsabilidad o irresponsabilidad del sujeto, su profilaxia debe consistir en una reforma jurídica que convierta la simulación en nociva para el simulador.-

 

El niño inadaptado.- En líneas generales la Teoría Psicoanalítica había atribuido la delincuencia y el delito a la angustia o la culpa provenientes de una inevitable ambivalencia inconsciente; vale decir, suponían que era el resultado del conflicto que se presentaba cuando el odio, y por ende el afán destructivo, se dirigía a una personas amada y necesitada. La etiología de la delincuencia se buscaba principalmente en la lucha librada en el mundo interior o la psique del individuo.-

Uno de los importantes factores externos que causan la delincuencia persistente es la prolongada separación del niño y la madre cuando aquel es pequeño. De hecho puede equivaler a un “apagón” (blackout) emocional y dar origen fácilmente a una grave alteración del desarrollo de la personalidad capaz de perdurar toda la vida. Cuanto menor sea la edad del niño, más peligrosos es separarlo de su madre; ésta separación determina el surgimiento de sentimientos muy intensos.-

El niño es un ser humano con una constante necesidad de comprensión y amor. Si existe una sensación de hogar, la relación entre un niño y los adultos puede sobrevivir a largos período de incomprensión. Esa amenaza de perder sentimientos da origen a menudo a peleas. Los niños comienzan a buscar dificultades y cuando alguien se enoja sienten un genuino alivio. Hacer frente a toda clase de síntomas de esa angustia, mojarse en la cama, dolores y malestares de uno y otro tipo, incluso golpearse, cualquier cosa que permitiera al niño recuperar su sentido de la realidad.-

El contacto estrecho entre las personas tiene su utilidad y cuando se ve súbitamente interrumpido, la gente, niños o adultos, experimenta temores y dudas y sigue sufriendo hasta que se produce la recuperación.-

Por experiencia hogareña primaria se entiende la experiencia de un ambiente adaptado a las necesidades especiales del bebé y del niño pequeño sin la cual es imposible establecer los fundamentos de la salud mental; no puede encontrar un vínculo eficaz con la relación externa, no puede encontrar su cuerpo ni desarrollar una personalidad integrada. Sin un ambiente físico y humano limitado que pueda conocer, no puede descubrir en qué medida sus ideas agresivas resultan realmente inocuas y, por lo tanto, no puede establecer la diferencia entre realidad y fantasía. Sin un padre y una madre que estén juntos y que asuman una responsabilidad conjunta por él, no puede encontrar y expresar su necesidad de separarlas y experimentar alivio cuando fracasa en es intento. El desarrollo emocional de los primeros años es complejo y resulta imposible saltear etapas; y todo niño necesita indispensablemente cierto grado de ambiente favorable para superar las primeras y esenciales etapas de este desarrollo.-

 

Naturaleza y orígenes de la tendencia antisocial.- Muy a menudo la destructividad forma parte de la conducta delictiva. Freud señalo que la elaboración del impulso destructivo presente en el mundo interior del niño se transforma con el tiempo en el deseo de reparar, constituir y asumir responsabilidades.-

Desde los seis meses hasta los dos años, la deprivación o la pérdida pueden acarrear consecuencias particularmente devastadoras; puedan entrañar la supresión u obstrucción del incipiente proceso de socialización originado en las tendencias innatas del niño.-

El amor y el odio constituyen los dos principales elementos a partir de los cuales se elaboran todos los asuntos humanos. Tanto el amor como el odio implican agresión. La agresión, por otro lado, puede ser un síntoma del medio. El amor y el odio no son experimentados con mayor violencia por el adulto que por el niño pequeño. De todas las tendencias humanas, la agresión, en particular, está oculta, disfrazada, desviada, se le atribuye a los factores externos y cuando aparece siempre resulta difícil rastrear sus orígenes. La agresión provoca una actitud antisocial.-

Cuando las fuerzas crueles o destructivas amenazan con predominar con las amorosas, el individuo debe hacer algo para salvarse y una de las cosas que hace es volcarse hacia afuera y conseguir que alguna autoridad externa ejerza control. La otra posibilidad, el control interior, debería aplicarse en forma general y el resultado sería un estado de cosas conocido clínicamente como depresión. Con respecto a las cosas interiores, el individuo puede disfrutar del uso de sus impulsos instintivos, incluyendo los agresivos para reparar en la vida real lo que ha dañado en la fantasía.-

La agresión tiene dos significados: por un lado, es directa o indirectamente una reacción ante la frustración; por el otro, es una de las dos fuentes principales de energía que posee el individuo.-

El sentimiento de culpa posibilita la conservación de la “imago” del objeto bueno junto con la idea de destrucción. La preocupación se relaciona de modo positivo con el sentido de responsabilidad del individuo. La preocupación se refiere al hecho de que el individuo cuida o le importa el otro, siente y acepta la responsabilidad. Tanto en el campo de la psicología como en el de la anatomía y la fisiología, los procesos de maduración constituyen la base del desarrollo del bebé y del niño. No obstante deberán cumplirse determinadas condiciones externas para que el niño pueda realizar su potencial de maduración. En otras palabras, el desarrollo de la existencia de un ambiente suficientemente bueno.-

Los niños encajan sus propias ideas dentro de este código para someterse a él, o bien se revelan y sostiene opiniones opuestas en algún aspecto.-

El delito provoca sentimientos públicos de venganza. La venganza pública podría significar algo muy peligroso si no existiera la ley y quienes la aplican Los jueces dan expresión a los sentimientos públicos de venganza y sólo en esa forma es posible sentar las bases para un tratamiento humanitario del delincuente. Una de las funciones de la ley consiste en proteger al delincuente contra esa venganza inconsciente. La sociedad se siente frustrada pero permite que el transgresor sea juzgado en los tribunales, cuando se hace justicia se proporciona cierta satisfacción.-

La comprensión del delito comuna enfermedad psicológica lleva a analizar a los niños antisociales y la relación de la delincuencia con la vida hogareña.-

En una familia corriente, un hombre y una mujer asumen una responsabilidad conjunta por sus hijos. Un niño normal si tiene confianza en el padre y en la madre, actúa aún sin ningún freno. Con el correr del tiempo, pone a prueba su poder para desintegrar, destruir, atemorizar, agotar, desperdiciar, trampear y apoderarse de lo que le interesa. El hecho es que las primeras etapas del desarrollo emocional están llenas de conflicto y desintegración potenciales. La relación con la realidad externa todavía no está firmemente arraigada, la personalidad aún no está del todo integrada y el niño pequeño no ha aprendido a tolerar y manejar los instintos. Al comienzo necesita indispensablemente vivir en un círculo de amor y fortaleza para que pueda progresar en el desarrollo emocional. Al ver destruido el marco de su vida ya no se siente libre. Se torna ansioso y si tiene esperanzas comienza a buscar un marco fuera del hogar. Busca una estabilidad externa sin la cual puede perder la razón. Si alguien se la proporciona en el momento adecuado, esa estabilidad puede crecer en el niño. El niño antisocial simplemente busca un poco más lejos, apela a la sociedad en lugar de recurrir a su familia o a la escuela para que le proporcione estabilidad que necesita a fin de superar las etapas de su crecimiento emocional.-

La delincuencia no es necesariamente una enfermedad; que el niño se comporte en forma antisocial y a veces la conducta antisocial, no es otra cosa que un S.O.S. en busca del control ejercido por personas fuertes, cariñosas y seguras. Se deduce que a los niños carentes de vida hogareña hay que proporcionales algo personal y estable cuando todavía son bastantes pequeños.-

Una criatura se convierte en niño deprivado cuando se los depriva de ciertas características esenciales de la vida hogareña, emerge así, lo que podría llamarse “complejo de deprivación”. El niño manifiesta entonces una conducta antisocial en el hogar o en el ámbito más amplio. La tendencia antisocial del niño puede imponer con el tiempo la necesidad de considerarlo un inadaptado social. La falta de esperanza es la característica básica del niño deprivado.-

Los niños presentan muchas compulsiones antisociales que sus padres logran tratar con éxito en sus edades tempranas. Empero, los niños antisociales presionan constantemente para obtener esta cura mediante una previsión ambiental pero son incapaces de aprovecharla.-

El método terapéutico adecuado consiste en proveer al niño de un cuidado que él pueda redescubrir y poner a prueba, el ambiente es el que debe proporcionar una nueva oportunidad.-

 

§4.- El origen de la delincuencia en la estructura social

Enfoque sociológico de la criminalidad.- Los criminólogos críticos remiten a la comprensión crítica de la sociedad, entendiendo que la diferencia de clases y la situación de explotación social generan las desviaciones y sólo por la explicación básica de esas condiciones puede entenderse lo que ellas significan. El hecho de considerar “desviada” a una conducta y simultáneamente objeto de la sociología criminal señala, en general, que se trata de infracciones graves.-

 

Los primeros antecedentes.- La filosofía del Iluminismo parte del reconocimiento de ciertos derechos naturales inherentes al hombre, principio morales absolutos que deben ser reconocidos por el derecho. La idea del pacto social presenta además un fundamento racional, el contrato entre hombres libres para vivir armónicamente en sociedad. La actividad represora de lo últimos siglos de la Edad Media era considerablemente peor en la Roma Clásica ya que penas bárbaras y torturas se habían introducido desde el fin del Imperio. Las cárceles sin ninguna idea de duración, de internación o de proceso, incluían una mezcla heterogénea de internados: leprosos, enfermos de venéreas, “degenerados”, disipadores, homosexuales, blasfemos, alquimistas, libertinos, ocupando lugares que comparten con los penados. No hay indicios de la diferencia de trato. La sociedad feudal es adscripta de posiciones y a cada uno se lo castiga o se lo premia de acuerdo con la ubicación social; en la nueva sociedad las posiciones deberán ser adquiridas y cada uno será merecedor de castigos y recompensas de acuerdo con los actos que realiza. Sin perjuicio de esto, la racionalidad y el pacto social exigen reglas claras: ningún crimen podrá ser llamada tal sin ley que previamente lo declare y nadie podrá ser condenando sin un debido proceso en el que la prueba deberá guiarse por patrones racionales, no irracionales.-

Todo el procedimiento criminal europeo se mantenía en total secreto hasta la sentencia: el saber era patrimonio exclusivo de la justicia. El secreto era absoluto, incluso para el procesado que no podía conocer ni el tipo de denuncia, ni la identidad de los denunciantes, ni alegar ningún hecho justificativo: nada, en absoluto hasta los últimos minutos del proceso. Menos aún tener abogado y controlar la regularidad de las actuaciones o defenderse. El fundamento de tal concepto personal es el de derecho absoluto del soberano para establecer la verdad. La “fiesta” se reservaba para la ejecución aunque en algunas oportunidades se tornaba contra los ejecutores cuando la comunidad consideraba injusta la condena. La conclusión de este estado de cosas no es anterior a fines del Siglo VIII.-

En la segunda mitad de este Siglo, muchas voces se habían alzado contra la barbarie del proceso y la ejecución de las penas. Los suplicios son condenados por los filósofos y teóricos del derecho, por moralistas y parlamentarios. El mérito del marqués de Beccaria en “De los delitos y las penas” (publicado en 1.764) fue la formulación coherente y oportuna de la crítica y la propuesta ajustada a la nueva filosofía. Su obra es condenada por la Iglesia de Roma y colocada en el Index. Pero es tarde: había fundado no sólo en el derecho penal moderno sino una teoría penal ajustada a la sociedad burguesa en pleno ascenso. La base Filosófica es su motivación basada en el horror de un racionalista frente a la barbarie del sistema penal. Su obra fue el punto de vista inicial para reformas fundamentales en el derecho penal moderno.-

Existe un consenso en la sociedad acerca de la conveniencia de proteger a la propiedad privada y el bienestar personal que surge del contrato social. En virtud de este contrato todos son iguales ante la ley y por ende no existen atenuantes ni agravantes de las penas, debiendo el juez administrar leyes, no interpretar, del modo más estricto sin pretender la reforma del delincuente sino su castigo y disuasión de los que pudieran tentarse en el futuro. Como teoría del control social carece de formulaciones y trata de poner límites a la arbitrariedad; éstas se presentan en las teorías llamadas “garantistas” actuales.-

Para Foucault la reforma que se da entre mediados y fines del Siglo XVIII obedece a otra política respecto de la desviación: hacer del castigo y de la represión una función regular castigando mejor, no menos sino con menos severidad pero sí con más universalidad. Se trata de la obra de una racionalidad burguesa partidaria del orden social y contraria a una justicia tanto más punitiva cuanto irregular. Durante el mismo período hace disminuir los delitos atroces y aumentar los delitos contra la propiedad. No se ataca tanto al cuerpo como a los bienes; la habilidad reemplaza a la violencia.-

Los primeros iluministas tardaron casi medio siglo en abrirse paso y al cabo de otro medio siglo debieron ceder ante la presión biologicista y adscriptiva del positivismo.-

 

El Positivismo Biológico.- El hombre que delinque es para Beccaria un enfermo de la voluntad, un desequilibrado psicológicamente a quien la sociedad por la pena reintegrara a su normalidad. Lombroso el positivista más significativo de la rama biológica considera que “el criminal nato, en sus reminiscencias atávicas, es un orangután lúbrico y feroz de cara humana, al que hay que eliminar por la relegación y aún por la muerte, si la sociedad se beneficia con ello”.-

La Escuela de Lombroso y de Ferri puede formar parte de los estudios sociológicos a través de su manifiesta ignorancia de la dimensión de lo adquirido frente a lo hereditario siendo ambos conceptos positivistas. El atavismo para Lombroso representaba una regresión biológica reconocida en ciertos signos (estigmas) físicos: dentición anormal, asimetría del rostro, características sexuales invertidas, tatuajes, etc. Frente a las críticas, en 1.876, atenúa sus características innatas y atávicas; hacia 1.897, los criminales natos están al lado de los epilépticos, dementes y pasionales y también los ocasionales y por hábito, cuyos datos de atavismo se encuentran potenciado por la asociación con elementos delictivos, educación deficiente y otras influencias ambientales. Llega a indicar los medios para prevenir y curar la enfermedad social generadora de los delitos. Queda en claro, para la doctrina moderna, que personas con estigmas físicos evidentes pueden ser rotulados, y de hecho lo son, como delincuentes sin haber cometido hechos ilícitos y llegar a serlo como una profesía de autocumplimiento. Una amplia gama de Escuelas se ha desarrollado sobre la base de distinciones de tipo genético, hasta nuestros días como causales de la delincuencia. Dentro de ellas ha tenido aceptación la que sostiene que la combinación cromosómica genera psicopatías graves, se citan casos de absolución de criminales por poseerlo (Austria, 1.968) y de condena por el mismo motivo (Francia, 1.968). También existen teorías que combinan lo hereditario con lo ambiental, como la de Eysenck, para el cual si bien las nociones de delincuencia o de delito sólo son explicables dentro de un contexto de aprendizaje o de experiencia social, las potencialidades biológicas se adicionan a las posibilidades sociales, ya que aquellas son estáticas y fijan para el ser humano en toda su vida. Todas las concepciones, incluidas las teorías de Kreschtmer y de Sheldon, con sus tipos somáticos tienen, desde el punto de vista sociológico, similares consecuencias. Si estos criminales no pueden regenerarse, la idea de pena carece de sentido, y cobra vigor la de “curación” y también la “peligrosidad” que permite su internación sin límite para proteger  a la sociedad. Las concepciones políticas de corte racial, pretendieron la eliminación sistemática de pueblos enteros con el fin de “depurar razas inferiores”, “preservar la herencia genética” y el mantenimiento de estructuras sociopolíticas ya condenados por la evolución histórica. La adhesión política se vuelve casi insoslayable cuando se tratan estos temas y el objetivo de la sociología académica se vuelve también atacable.-

La lectura de Ferri, que se llama a su obra “Sociología Criminal”, es representativa de las creencias precientíficas de los criminólogos de fines de Siglo XIX. Allí se leen estigmatizantes descripciones de “criminales natos” con las que se pretende dar por superado el ciclo del clasicismo, iniciado con Beccaria y cerrado con el Programa de Carrara para quien delito es un “ser jurídico”. Esta Escuela propone disminuir la cantidad  de delitos, ya que considera que la Escuela Clásica ha tratado de reducir las penas y lo ha conseguido pero no ha podido impedir el incremento de los delitos ni mucho menos lograr la rehabilitación social de los penados. Estos objetivos, luego de un siglo, reaparecen en la criminología socialista; el aporte de Ferri es que considera al “delincuente no es un hombre normal; por sus anomalías orgánicas y psíquicas, hereditarias u adquiridas, constituye una clase especial, una variedad de la especie humana”. Una sociología criminal como la de Ferri tiene posibilidades en un marco social darwiniana dado por Spencer en el cual el modelo biológico y de evolución de las especies se traslada a la sociedad. El criminal de ocasión según Ferri, es el que no tiene una inclinación natural del delito, pero que comete el acto empujado por el medio físico o social en que vive y no vuelva a incurrir en él si tales tentaciones desaparecen; pero al observar que frente a la miseria unos delinquen y otros prefieren las privaciones honradas o la mendacidad, concluye que también hay causas antropológicas. Esta posición a pesar de autotitularse sociológica, las diferencias culturales se rechazan expresamente. La Sociología Criminal de Ferri engloba entonces en el derecho penal y la antropología de Lombroso. En la misma búsqueda de universalidades se encuentra Garófalo, con su definición del delito natural, que es aquel que ofende a la piedad y la probidad. Estos son sentimientos humanos fundamentales cuya violación indica un delito real.-

La búsqueda de lo universal en los Positivistas va junto con dos principios básicos: la neutralidad valorativa y la cuantificación del comportamiento. Los positivistas de tipo biológico adoptan mediciones antropológicas (cráneo, ángulo facial, dentición, etc) pero en cuanto sale del estrecho margen de las orientaciones iniciales, el positivismo planeta una interés nato discrepancia sobre el valor que debe darse a las estadísticas sobre delitos e incluso al Código Penal como medida de los delitos. Tratándose de una profilaxis del crimen cualquiera de los principios establecidos un siglo antes carece de sentido. Medidas de seguridad y de tratamiento siguen siendo hoy fundamentales hoy en la política criminal.-

 

El Positivismo Sociológico.- El ambiente es también una dimensión desarrollada por la sociología positivista. Es el comienzo del punto de vista social en el delito. Es Guerry quien elabora una hipótesis del crimen como producto de la organización social y en Durkheim se encuentra el inicio de la teoría sociológica del delito. Fue probablemente Tarde (1.843 – 1.904) el primer autor que desde una óptica sociológica observa el delito como hecho social. Con criterio sociológico, estima que no sólo la carrera criminal puede tener un físico característica sino muchas otras. Hasta Lombroso, al tratar las asociaciones de de delincuentes, dice que ellas disminuyen en lo países civilizados, pero se transforman en asociaciones equívocas, políticas o de comercio. Sobre la base de una crítica de una posición criminalística biológica aparece la primera formulación sociológica del delito. Tarde no cuestiona totalmente a la antropología criminal pero puntualiza suficientemente el olvido que presentan sobre los social. Trata de fundar el delito como ha querido hacer con toda la vida social en la imitación; la copia de otros delincuentes, la educación nos remite a la idea de subcultura que será muy utilizada treinta años después. Al tratar de la penalización del delito, se pregunta por la relación entre el presunto autor y el condenado. Tarde anticipa otras teorías sobre la desviación como las que pónenle acento en la actitud de los que castigan y rotulan. “Un acto es delictuoso no sólo por la ofensa al sentimiento medio de piedad y justicia sino cuando es juzgado delictivo por la opinión”.-

Durkheim relaciona la evolución de la moral y del derecho y su rechazo a la idea del delito como enfermedad y a la pena como remedio propia de los criminólogos positivistas. También lo que surge de considerar la sanción del delito como acto social que defina la conducta prohibida –mala prohibida-. También critica el presunto valor de la herencia genética en la determinación de las conductas. En cuanto a que la herencia determina el delito, Durkheim señala que es imposible aislar los factores educacionales de los biológicos como para sacar tales conclusiones. La de Durkheim es la primera definición clara de la distancia que existe entre herencia genética y conducta desviada.-

 

Componentes culturales que se incorporan en el ser humano – Los diferentes agentes socializadores.- Detrás de la conducta delictiva hay siempre una conducta psicológicamente patológica. La realidad descubre sujetos con alteraciones importantes en alguna esfera de la realidad. El ámbito familiar es clave.-

En el ámbito escolar y social se constituye una excelente radiografía del proceso de adquisición de la conducta marginal. La escuela es una pieza decisiva en el mecanismo de la disociabilidad.-

El análisis lleva a pensar que existe una fuerte distorsión social de determinadas procesos educativos en el contexto de la familia, la escuela, el barrio, etc.-

El delincuente no puede examinarse solo como un proceso psicológico aislado. El barrio es una pieza clave para entenderlo y es en este contexto donde se produce nuestra delincuencia juvenil. En cada una de las ciudades y barrios hay datos particulares. Se habla de “delincuencia juvenil” en el sentido generalizado pero el término aparece sustituido por “conducta disocial”, “conducta marginal” o “disocial” que se interpreta como la persona que mantiene un tipo de relaciones sociales diferentes del conjunto social que tiene alterados o ausentes los valores y las conductas del grupo social al que pertenece. Mantiene modos de ser y actuar en su mayoría al margen del conjunto social.-

El uso indiscriminado del término juvenil oculta, en el fondo, el simplismo de quienes piensan en los problemas de la conducta social juvenil como en algo unívoco y uniforme. Las problemáticas juveniles de la conducta social de un barrio pueden clasificarse al menos en cuatro posibles grupos:

I – Delincuente activo: comete actos legalmente delictivos de cierta importancia. Normalmente suele tener entre quince y veinte años; constituyen núcleos agrupados en los que hay algún o algunos jóvenes con un alto índice de conflictos de la personalidad. Tiende a la delincuencia activa como hábito de conducta normalizada y propia del grupo. Hábito de conducta arraigado cada vez más en función de su paso por las instituciones penitenciarias que crea un fuerte círculo vicioso de difícil ruptura. Con frecuencia las conexiones y derivaciones del grupo acaban en la delincuencia adulta más o menos organizada.-

II – Disocial paraviolento: de comportamiento socialmente agresivo la pandilla o banda puede ser su modo habitual de relacionarse. Esta agrupación constituye un mecanismo de defensa contra la sociedad adulta de la que se siente enormemente distante. Habitualmente es el compañero social del anterior tipo de jóvenes y con él participa en peleas de grupo o correrías de destrucción. Sus integrantes tienen fuertes problemas de identificación en los que la agresividad juega un papel de ahuyentador de la angustia de su situación adolescente. Ocupan por lo general la franja de edad del final de la preadolescencia y la adolescencia (catorce a diecisiete años).-

III – Adolescente marginal: engloba los dos anteriores; es un grupo intelectualmente marcado que permite el manejo de las ideas, la introspección o la asimilación de normas abstractas. Socialmente es un grupo en el que ha fracasado totalmente el proceso de adquisición de pautas de comportamientos socialmente aceptables y no se ha producido la transmisión de los valores o conducta de un grupo social. Manifiestan claramente los distorsionados procesos educativos y una familia desadaptada. El consumo de drogas tiene, entre ellos, un carácter marcadamente diferente del que tiene en el joven contractual. Constituye una especie de “toxicomanía social” destinada a mejorar la visión que la cruel vida diaria proporciona.-

IV – Niños y preadolescentes disociales y marginales: tienen su banda infantil y emulan los comportamientos de los hermanos y amigos de su misma edad. Practicarán raterías menores, se agudizarán  diversas situaciones de agresividad apuntando a la situación disnormativa que en un par de años les conducirá a la marginalidad, la disociabilidad violenta o la delincuencia activa.-

Estas problemáticas deben tener en cuenta el origen y la dinámica de estos problemas y considerar la realidad pluriforme de sus manifestaciones.-

En una ciudad, el fenómeno de la disociabilidad y de la delincuencia juvenil se da en le marco de los grupos y subgrupos. Sin embargo, no es geográficamente uniforme; cualquier conducta humana se inserta en medio de una estructura urbanística en medio de un entramado social. La problemática de la delincuencia juvenil se asienta en dos grandes marcos o tipos de barrio: a) barrios asociales en proceso de asentamiento; y b) zonas de degradación ciudadana y urbanística. Ambas son formas comunes de fracaso de diferentes elementos de organización social, en el primer caso por ausencia, en el segundo por destrucción.

Los barrios asociales en proceso de asentamiento, son barrios periféricos; la aglomeración urbanísticas, como espacio cotidiano, parece convertirse en un detonador de la agresividad, los espacios libres si existen, son anónimos o imprecisos. La ausencia total o la insuficiencia de los servicios comunitarios (escuelas, transportes, mercados, etc) con la consiguiente degradación de las condiciones de vida y la tendencia de depender socialmente de otros núcleos urbanos o de otros barrios de la propia ciudad. Como clave social estaría la emigración que conduce directamente a la desaparición de pautas uniformes de conducta y a la del conjunto de normas socialmente aceptadas. El espacio vital de la vivienda suele ser altamente reducida con condiciones de marco-vivienda intensamente neurotizantes por el desorden, el caoz y la estrechez. Son aglomeraciones humanas en las que las relaciones sociales colectivas nunca llegan a existir o se producen en un nivel escasísimo. Se sumará al inexistente sentido colectivo de pertenencia a algo, su propia situación de disociabilidad juvenil.-

Las zonas de degradación ciudadana y urbanística son espacios de la ciudad en los que históricamente existirá un equilibrio social y se ha padecido un fenómeno de destrucción. Lo más normal es que el barrio, por razones diversos, haya “envejecido” y el tejido social comience a presentar vacíos importantes. Grupos familiares y sociales que, en su conjunto, daban una cierta estabilidad al barrio, se han marchado o no se han renovado. Esta tendencia se ve acentuada por el relleno con nuevos grupos inmigratorios no asimilados por el entramado social tradicional de la zona ahora, en estado débil. La degradación urbanística se ve acompañada de la degradación comercial y de la inadecuación del nivel de servicios. En los dos tipos de barrio, una gran parte de la problemática, la delincuencia y de la sociabilidad juvenil está estrechamente ligada a la historia del barrio en que se produce.-

 

El contexto familiar.- La delincuencia juvenil es una conducta humana que se da en unos medios sociales, en unos momentos históricos como manifestaciones de diferentes tipos de problemática familiar, en unas estructuras escolares, etc. La familia juega un papel primordial en los procesos de disociabilidad. Que el núcleo humano en torno al cual se produce el desarrollo del niño o de la niña, influye directamente y desde el principio de la evolución afectiva, es algo que admiten todas las doctrinas psicológicas. El clima humano que rodea al niño es capital en su evolución. Entre los jóvenes con problemas de delincuencia siempre se han encontrado abundantes sujetos con un grupo familiar gravemente alterado. Es habitual encontrar problemas familiares graves que están condicionados la conducta. Normalmente en los “delincuentes activos” siempre se encuentra algún sujeto fuertemente afectado en su estructura emocional por causa, entre otras, familiares. Esquemáticamente la problemática familiar grave conduce a ésta secuencia: desestructuración de la personalidad, fallo de diversos aspectos de la socialización, proceso de conflicto con las instituciones, proceso de marginación, imitación o contagio de los actos delictivos, normalización de las pautas de vida delictiva. El sufrimiento emocional grave, convertido en problema de la personalidad y de adaptación tiene una alta probabilidad de convertirse en el problema de disociabilidad o delincuencia.-

Aceptando teorías dinámicas o teorías del aprendizaje se está de acuerdo en que el niño o la niña, por mecanismos de introyección o de imitación, configura su conducta y su personalidad a partir, entre otros, de los padres con los que convive. Hay períodos en que esta interiorización resulta dificultada o eliminada por fuertes tensiones afectivas. La preadolescencia y la adolescencia son períodos claves en la construcción del “yo” del sujeto, y por lo tanto, necesita en su entorno la presencia de adultos que hayan asumido claramente sus papeles. Se plantea la necesidad de adultos cercanos capaces de ser modelo y contraste (modelo negado) en el período de inseguridad de la preadolescencia y la adolescencia.-

Comportarse de una u otra manera requiere educación y aprendizaje del comportamiento. Aprendizaje adquirido a través de la educación, uno de cuyos agentes principales es la familia. En lo que respecta a la familia, la carencia educativa se debe a: a) imposibilidad material de educar; b) crisis educativa ligada al fenómeno migratorio; c) crisis de civilización general. En cualquier caso, se produce en medio de una difuminación general de los valores, una contestación de los métodos y manera educativa, una variación radical del comportamiento social. Todos los elementos son el caldo de cultivo de la disociabilidad y de la delincuencia juvenil.-

 

Fracaso escolar y marginación.- Es a partir de la interrelación individuo-condiciones escolares que se desarrolla un importante proceso de marginación. El ejemplo más sencillo lo encontramos en la agresión contra la escuela que suele constituir uno de los elementos de la conducta del niño o del preadolescente disocial o marginal: roba, destruye, allana y desmonta la clase o las instalaciones escolares con diversa periodicidad. Sintéticamente se puede decir que: a) la escuela es un elemento importante y decisivo en la evolución de los procesos de disociabilidad y marginalidad; b) la escuela actúa, como catalizador de innumerables conflictos del chico socialmente problemático. Son pocos los predelincuentes que han acabado bien la enseñanza primaria obligatoria. Hay escuelas con alta conflictividad social y se observa una intercorrelación compleja entre condiciones sociales del barrio, estructura y evolución de la escuela y nivel de fracasos escolares-conflictos sociales. La importante dificultad escolar desencadena dos grandes procesos interconectados: el atraso y la lentificación de los aprendizajes instrumentales y de los automatismos escolares y la conflictualización progresiva de la personalidad. Ambos acaban produciendo una automarginación o una exclusión del grupo de clase. En los fracasos aparecen causas diversas, desde la inadecuación de los métodos de aprendizaje hasta la incorrecta organización pedagógica de la escuela, pasando por la conflictualización de las tareas escolares a partir de la tensión emocional. Ligada a la fragilidad y del barrio del alumno, ha aparecido en muchos casos una tendencia a abandonar la escuela con el consiguiente aumento de la vida disocial de la calle. Los problemas de conducta se han convertido en el núcleo de las tensiones escolares. Si las condiciones pedagógicas de la institución escolar son escasas o inexistentes, la interacción escuela problemática-alumno, se enrarece progresivamente. De éste modo se va acumulando un fuerte revulsivo contra la enseñanza, contra la escolarización. A la problemática familiar y de barrio se viene a sumar el proceso marginador producido en la escuela y generalizado por el alumno. La escuela resulta clave en la evolución correcta del futuro adolescente y joven.-

 

Adolescencia y delincuencia.- La adolescencia es una etapa sociológica; estadio relativo cuya  duración y características, dependen fundamentalmente del medio, la evolución está presidida por un proceso de maduración psicológica. Los rasgos principales de los adolescentes difieren, en una misma sociedad, en función de las clases y grupos sociales. Un análisis sociológico superficial se la adolescencia permite encontrar adolescentes muy dispares: desde el adolescente “transitorio”, rápidamente introducido en el mundo adulto por la crudeza del trabajo, hasta el adolescente de corte intelectual, pasando por el adolescente “concienciado”, paladín de causas sin futuro o el “marginal”, “delincuencial”, “disocial”, sin expectativas vitales en su entorno. La adolescencia debe ser considerada como una etapa evolutiva cuyos cambios se deben a:

I – la evolución del sistema nervioso y sus alteraciones debidas a los cambios hormonales y anátomofisiológicos en general. Estos cambios producen una evidente alteración y variación en la conducta;

II – la adolescencia y los años que la preceden como un período de fuerte crisis en la estructura de la personalidad y en la que la búsqueda del equilibrio actúa como motor evolutivo; etapa de construcción del “yo”;

III – etapa de adaptación a las nuevas demandas del mundo exterior, del mundo adulto que condicionan las respuestas evolutivas de adaptación;

IV – análisis del momento histórico correspondiente.-

La preadolescencia y la adolescencia, sea cual sea su entorno, se revisten de un cierto tono marginal. Tono que depende de la oposición del adulto y de la crítica o el rechazo del mundo. Entre aquellos en quienes se agudiza, convirtiéndose en un proceso de marginación social, separación social, disociabilidad, aparecerán de dos grandes grupos: la disociabilidad pensante, propio de un marco ideológico y la disociabilidad marginada, delincuencial, sin ninguna elaboración mental. Entran en un proceso de autoafirmación y oposición que agravara los conflictos emocionales si ya existían y aumentará la necesidad de rebeldía. En estado de emocionalidad difusa que caracteriza a la adolescencia, también afecta lo disocial. Pedagógicamente abandonado a nivel escolar y familiar, no ha aprendido los mecanismos de control.-

Es decisivo el proceso de transformación de la inteligencia, con la entrada en la etapa preadolescente se inicia un importante cambio cualitativo en la manera de proceder intelectualmente. Hasta ahora, el niño ha tenido una forma ligada a los fenómenos preceptivos y sensoriales de la realidad. Se ha de producir el paso del período de las “operaciones concretas” al período de “operaciones formales” hasta conseguir el tipo de razonamiento adulto. La adolescencia es un estadio de adaptación, en la medida en que se puede dominar y elaborar mentalmente dicha sociabilidad. Las normas, la moral social, pasan a ser conceptos de valores, el aprendizaje moral pasa a ser una adecuación de los actos al esquema conceptual.-

El joven vive un proceso de búsqueda de imágenes preocupado por el “cómo ser”; adquiere elementos para su identidad, para lograr un marco de referencia sobre el que se desarrollara su conducta que será reforzado por el grupo.-

Las actividades de grupo en la adolescencia plantean otro problema: la ocupación del tiempo libre. La ausencia total de tareas plantea la cuestión del qué hacer. La inactividad se les plantea diariamente como cuestión insidiosa; la calle se convierte en el sitio permanente ya que la ausencia de dinero impide el acceso a ciertos locales, si es que existen, la calle pasa a ser el principal foco de contagio de conducta, convirtiéndose en el primer agente socializador de la conducta delincuente. La calle y el desprecio por la sociedad adulta acaban por configurar el difícil momento evolutivo del adolescente.-

 

El consumo marginal de sustancias psicoactivas.- Este es un elemento importante en la conducta marginal. Entendemos por drogas, cualquier sustancia capaz de alterar, modificar, cambiar la conducta humana.-

Históricamente, el consumo de droga sufre diferentes evoluciones. Cualquier dato envejece a gran velocidad, debido a las rápidas y profundas transformaciones que el consumo de drogas tiene. La ilegalidad de algunas drogas marginaliza globalmente, todos los consumos, sea quien sea el consumidor. Las importantes diferencias entre los grupos dan lugar a diferencias básicas de los consumos. Así, el consumo del adolescente marginal presenta importantes diferencias respecto de los otros grupos de adolescentes o jóvenes. El adolescente marginal difícilmente puede alcanzar una elaboración mental de las drogas que toma o de sus efectos. El análisis de los efectos sobre su persona será directo, primario, sensorial pero nunca se encontrará en él una elaboración intelectual de lo que le está pasando. En sí mismo, el cono tiene poca explicación. Aparece una repetida tendencia a buscarla de entrada, pasar el límite máximo en el que aún no se ha perdido el control. Hay una búsqueda del “ciego” como fin, no como consecuencia. El costo de la droga, genera unas necesidades de dinero de ninguna manera posible de obtener, legalmente, en el barrio. La conexión entre droga y dinero producto del robo se hace entonces mucho más estrecha. Al poco tiempo de iniciarse en el consumo, se suele estar endeudado por los préstamos del distribuidor que amenaza con la violencia física. El paso al acto delictivo se hará inevitable.-

 

La conducta disocial y delincuente.- El proceso sería: inadaptación psicológica – vivencia conflictiva – inadaptación social – adaptación conflictiva a la inadaptación.-

Actualmente existe una distorsión social colectiva o de grandes masas que se traduce en desorganizaciones de conducta en elevado número de sujetos sin que necesariamente podamos hablar de patología psicológica.-

En el grupo “delincuencial activo”, en el “disocial violento” o en el “adolescente marginal”, se dan casos de trastorno grave de la personalidad. Sin embargo, un alto porcentaje de estos grupos son calificables como estadísticamente “normales”. Una sociedad en la que los adultos carecen de modelos sociales que transmitir a sus descendientes y vive un terrible distanciamiento de su población juvenil y padece una crisis duplicada. Existe una situación social que afecta a extensas capas y grupos de ciertas poblaciones y ésta situación incide directamente sobre la evolución psicológica y educativa del niño, del adolescente o el joven.-

El gran grupo “adolescente marginal”, que incluye a los adolescentes, acusa sobre todo, una ausencia de patrones mínimos de conducta. Ausencia derivada de ciertos tipos de crisis social generalizada.-

El proceso de imitación carecería del refuerzo que supone la coherencia de conducta. Se han producido fallos educativos; no existen reglas de conductas claras, produciéndose de esa manera la disociabilidad.-

 

§5.- ¿Pasible de corrección?

Fines de la pena.- La consideración personal de la pena desde el punto de vista clásico o positivista, debe determinar el problema de la misma, que no puede ser solucionada seriamente si antes no se ha meditado bien acerca del fin que se pretende con la punición. En la antinomia de los fines de la pena, todo jurista de su misión en la sociedad habrá de detenerse a reflexionar que camino a seguir.-

Todas las ramas de la cultura llevan la interrogación del dolor y del mal, de la pena. Para avanzar en la penología fundamental se precisan, conocimientos en el campo de la psicología experimental y racional, además de una extensa cultura teológica-moral antropológica, histórica, etc. Toda la dogmática de la pena es sumamente compleja. El eclecticismo presente nos augura un nuevo derecho penal. Todos admitimos la urgente necesidad de la reforma, sin embargo, falta un estudio científico completo de la historia del derecho penal y, sobre todo, de la penología que en los momentos actuales nos puede ofrecer un panorama más claro.-

El punto concreto es el concepto de retribución y su relación con la pena en la doctrina de algunos teólogos del medioevo y renacimiento, buscando conseguir estructurar el concepto de la retribución y sentar las razones que le confieren carta de ciudadanía en la dogmática de la pena. Quienes rechazan la retribución, ven en sus dimensiones, esenciales un algo cruel e indigno, definitivamente injusto. Sociólogos, psicólogos y filósofos, consideran la retribución como inhumano, subproducto de la ira, como una instintiva reacción de la sociedad. Los historiadores dicen que el derecho penal debe superar su infancia medieval e ir avanzando en la historia.-

Dorado Montero, sostiene que las penas retributivas, son alentadoras a la personalidad humana; a la misma o parecida conclusión llegan, algunos teólogos (sobre todo protestantes) que reivindican para solo Dios en trono de la justicia punitiva.-

Algunos fundamentan la permisión punitiva del Antiguo Testamento en una excepcional delegación divina a la autoridad del pueblo escogido. Al desaparecer tal prerrogativa teocrática, la autoridad estatal ordinaria –dicen- no puede atribuirse aquellos excepcionales poderes delegados. Por eso, el Nuevo Testamento se aparta del Antiguo y condena la justicia retributiva. Sin embargo, existen también preceptos neotestamentarios de rasgos punitivos cuando el Nuevo Testamento prohíbe la retribución se refiere a los individuos en cuanto personas particulares; en cambio, cuando se trata de las relaciones sociales, admite con suficiente claridad la facultad punitiva.-

La parte más racional sostiene que el hombre no puede ni debe castigar a sus semejantes. Si nuestro prójimo tiene la debilidad de cometer un crimen, toda persona digna elige la misericordia y rechaza la punición. Reconocen la belleza del perdón, pero les parece una solución simplista rechazar, nada más que por eso, la retribución.-

Resumiendo, se puede establecer en dos partes su respuesta a las teorías retribucionistas: la primera es negativa, la razón prohíbe la venganza privada; la segunda es positiva, la razón prueba la vindicta social pública (la retribución).-

Molina considera ilícito que los particulares pretendan castigar por sí mismos a sus ofensores, los considera faltos de potestad, requisito indispensable con que Dios faculta a la autoridad social; la razón es clara, si pudiese exigir la retribución del mismo ofendido, todos castigarán más de lo justo, pues el dolor de la ofensa sufrida, obnubila el entendimiento e inflama la ira.-

A pesar de esta insistente repulsa contra todo lo que signifique venganza, los Teólogos sostienen el aspecto retributivo de la pena porque, según ellos, la misma razón que rechaza la vindicta privada, aprueba la vindicta social pública. Vindicta social pública significa que la autoridad suprema política puede y debe castigar todos los delitos sólo y siempre que sea necesario; supone un verdadero castigo, posterior a la violación del derecho y prescindente a veces de su reparación material. Su esencia coincide con la retribución y la restauración del orden jurídico violado. La autoridad reduce su misión a la mera defensa de los inocentes y a la reeducación de los criminales: éste le compete pero no el hacer justicia.-

La autoridad debe ejercitar la justicia retributiva por dos razones principales: conservación de la sociedad y conservación del orden jurídico. Sin el ejercicio de la pena retributiva, la sociedad no podría cumplir sus obligaciones de proteger, conservar y restaurar el orden jurídico o como dice Lugo, su obligación de formar y conformar los súbditos según la ley.-

La misión del jurista es conservar el orden jurídico y restablecerlo siempre que sea perturbado o menguado y dada su dimensión humana, exige e incluye una cotidiana reincorporación, reanimación y revalorización. Siempre debe tender a la perfección como medio indeclinable para lograrlo, intentar continuamente que a todo desconocimiento jurídico del orden-delito, siga un reconocimiento jurídico –pena retributiva.-

Como el delito supone o produce una violación fáctica, externa y agradable del orden jurídico, la pena ha de reponer o reproducir un reconocimiento fáctico, externo y desagradable de ese mismo orden. La sanción surge como apelación antitética del delito. No se puede adjetivar la retribución como innoble e irracional pues su vigencia parece necesaria, lo indigno y lo cruel es la venganza; la venganza privada brota de la pasión del ofendido, pero la retribución nace de la culpa jurídica personal del delincuente.-

El capricho, la fuerza, la pasión ilimitada dan la medida de la venganza privada, mientras que la igualdad proporcional entre delito y pena limitan la retribución. La primera persigue como fin supremo dañar al ofensor; en cambio, la retribución procura conseguir la reparación y recreación del orden jurídico –la enmienda del delincuente, la prevención general- y la defensa social. Utilidad y justicia, mutuamente vinculadas, brindan la fundamentación a la pena retributiva.-

Quien ha procedido mal debe ser castigado, ese es el concepto imperante en la sociedad y en la ley. La sanción tiene efecto intimidatorio proyectándose sobre el individuo que es castigado. Si el individuo en posesión de su albedrío y con conocimiento de la pena opta por el mal, es merecedor del castigo y el mismo debe estar en proporción con el daño causado y con el grado de tendencia de su voluntad hacia el mal. Las penas son indeterminadas en principio, proporcionándose su duración a la capacidad de delinquir y facilidad de enmienda del sujeto. La sanción persigue una doble finalidad de defensa social y mejoramiento individual.-

La Sociedad Internacional de Defensa Social se propone estudiar los problemas de la criminalidad en la perspectiva de un sistema de reacción anticriminal teniendo en cuenta las posibilidades de resocialización y al defensa de la sociedad contra los delincuentes. Quiere abordar el problema de la criminalidad en una perspectiva social realista; estima que la sanción del camine implica una acción sobre el delincuente; acción de política criminal de prevención y protección para asegurar la reintegración de ese individuo en la vida social. De estos principios se deduce la noción de un tratamiento penitenciario.-

Tal tratamiento debe fundarse en los principales rasgos de comportamiento psicosocial de los delincuentes.- Así la explicación de las causas de sus actos permite esperar la posibilidad de su reeducación moral y de su resocialización.-

El delito, en la Nueva Defensa Social es algo real, una consecuente manifestación de su personalidad libre; debe ser estudiado desde una postura realista y espiritual intentando penetrar en el “espíritu” del delito, considerando su dinámica interna. El delito debe ser considerado en función de las condiciones subjetivas y ambientales del delincuente y también como ocasión para estudiar y corregir su personalidad y medio social en que vive.-

El delincuente es responsable, esta responsabilidad consiste en un sentimiento íntimo y colectivo que debe ser racionalmente utilizado para los fines de la justicia social y en una acción decidida de  protección anticriminal.-

El fundamento de la pena reside en la necesidad del orden social, la corrección y la resocialización del delincuente. La pena no mira al pasado sino al futuro y ha de procurar la prevención del crimen, la resocialización del delincuente, su corrección psíquica y moral, la reparación, en fin, del orden social. Los fines de la pena y de las medidas predelictuales se resumen en tres palabras: prevención, protección, reintegración.-

Nuestra Carta Magna en su artículo 18 declara que las cárceles de la Nación deben ser sanas y limpias para seguridad y no para castigo de los reos detenidos en ellas, es en verdad, el testimonio de los propósitos humanitarios y sanos que inspiraron a los constituyentes.-

Desee el momento en que la pena dejó de ser un castigo para el delincuente pasando a convertirse en una medida de doble finalidad de defensa social y corrección individual, la función de los sistemas carcelarios es la readaptación de los delincuentes. Es preciso que el condenado hasta experimentado el proceso de reeducación. El sistema debe tener como fin el hacer del recluido un individuo útil a la sociedad.-

Un régimen carcelario debe reunir tres condiciones: trabajo conforme a la s aptitudes de cada uno y remunerado; contralor técnico de los procesados; y cierta libertad de acción temporaria  que permita apreciar la orientación de las tendencias individuales. El trabajo será de la especialidad en que a cada uno se gana su vida y para el caso de carecer de profesión se le enseñará una en lo posible de acuerdo con sus declinaciones. Este estímulo hacia el trabajo puede ser completado con la lectura de libros, la enseñanza, sobre todo la elemental, debe ser objeto de preferente atención ya que la carencia de instrucción coloca al individuo en evidente inferioridad.-

El condenando debe recuperar la libertad con la convicción de que no pesa sobre él carga alguna y que la sociedad ha de recibirle reconociendo su propósito de enmienda, sólo así podrá encontrarse en igualdad de condiciones con los demás miembros y su propósito de enmienda podrá resultar duradero.-

La cárcel debería ser entendida como propósito para preparar al hombre para la libertad, tendría que ser capaz para alentar lo mismo la coincidencia de la disidencia. Frente a la conducción se debería alzar una dirección política de la cárcel que auspicie del mejor modo la participación del prisionero. Si éste va a conducir su vida futura, debe ser ensañado y alentado a intervenir racionalmente en el manejo de su vida actual. Es llamada política de la administración penitenciaria.-

Es indispensable la promoción de sistemas que provoquen la conservación desque predomina en el exterior. En orden al trabajo, se ha postulado la organización empresarial siempre a cargo de la administración penitenciaria, sin pérdida del sentido terapéutico correccional del trabajo del recluso. En el campo de las relaciones sociales el esfuerzo se traduciría en una amplia normalización del acceso del mundo libre a la cárcel. No es posible aguardar la reinserción social si el encarcelamiento consiste en un minucioso mecanismo de exclusiones, limitaciones y prohibiciones de contacto social. Se formarán desde luego prisioneros típicos, sólo aptos para la comunidad carcelaria, acumulando su propio ímpetu a la exclusión formal. Es indispensable acoplar al tratamiento institucional cuando este sea verdaderamente necesario, un período de tránsito de convalecencia moral a prueba bajo regímenes de semilibertad y abiertos.-

Los órganos de asistencia al liberado han de fortalecerse y su intervención debiera se obligatoria so pena de caer en frustraciones y de tornar inútil la tarea; estos organismos de asistencia deben incluir a representantes de los sectores que realmente controlan los accesos a las fuentes de trabajo. No bastan las reformas legales, se precisa antes que nada, la formación de un clima social comprensivo en torno del ex prisionero, no por razones piadosas sino en bien de la defensa social. El endurecimiento de las condiciones de la vida carcelaria sería una medida insuperable para conseguir la desadaptación y evitar la readaptación social del delincuente.-

La mira del tratamiento es la socialización del infractor, la readaptación o la rehabilitación social del delincuente; en suma, la incorporación de este a la comunidad corriente mediante le respeto activo al catálogo medio de valores imperantes en una sociedad dada en el tiempo y en el espacio. De no ser posible esta conversión, el tratamiento perderá su sentido dinámico. El tratamiento penitenciario, es decir, la terapia de cautiverio, no tiene por cometido generara hombres medianamente calificados para la libertad. La noción de tratamiento está gobernado por dos notas principales: progresividad y sentido técnico. La progresividad confiere secuencia a la misión terapéutica, tiene carácter dinámico, avanza como consecuencia de previos progresos y como anuncio y preparación de posteriores desarrollos. El ingrediente técnico implica la acción sobre s factores causales de la conducta criminal.-

La individualización penitenciaria marca la última etapa por hallar al delincuente y más allá al hombre total; tal individualización se desarrolla en dos momentos: el conocimiento del individuo y la acción sobre el individuo conocido.-

La complejidad causal y la complejidad terapéutica demandan un organismo interdisciplinario, eje de la terapia penitenciaria. El esfuerzo por resocializar, se logra incorporando al prisionero en el esfuerzo de su propia recuperación concediéndole facultades de autogobierno.-

La infraestructura del tratamiento reside por fuerza en un sistema de legalidad donde coincidan y se satisfagan el propósito socializador, la metodología científica y el cuidado por la preservación de los derechos humanos.-

Finalmente se plantea el tratamiento extrainstitucional por cauces multiplicados, sea por sustitución de la vía carcelaria mediante la condenación condicional, el perdón judicial, la conmutación y otros instrumentos idénticos, sea por opción inmediata a favor de medidas extrainstitucionales como en el caso del trabajo en libertad cuando esta no tiene consecuencias de liberación definitiva. Las esperanzas están cifradas pues, en la capacidad social para intentar de nueva cuenta la educación para la libertad. En rigor, tanto el tratamiento institucional o el extrainstitucional, son alternativas para la socialización.-

Las modernas investigaciones científicas enseñaron que las condiciones el medio físico del medio social impulsan, en muchos casos, al hombre hacia el delito; un programa social debe comprender la previsión y profilaxia de la criminalidad, la reforma y la readaptación social de los excarcelados.-

Si el delito es una lesión a los valores medios, el procesos de readaptación o rehabilitación social, tendría que ser la contrapartida del proceso por lesión o delincuencia es decir, le negación de la negación o en otros términos, la afirmación en el caso individual de la vigencia y la observancia de aquellos valores. De aquí surge la noción de pena como terapia o tratamiento como remodelación del espíritu.-

No sólo se pretende que la pena actúe como un recurso para evitar la comisión de nuevos delitos sino que además busca la persuasión intelectual y sentimental del sujeto prolongado el encauzamiento de su voluntad.-

 

§6.- Conclusiones

Cierto grupo de personas consideran que los límites inhiben la libertad, cuando en realidad son lo único que la garantiza. Por mi parte pienso que tales límites marcan mis derechos pero también mis obligaciones y por lo tanto resguardan al otro de mi conducta.-

Considero que el déficit de la ética lleva a la transgresión de la ley y el medio más eficaz para regular esta situación es educar a las generaciones para transformarlas. Esa importante labor se encontraría en manos de los gobernantes quienes deberían arbitrar las medidas necesarias para la prevención del delito.-

Sin embargo, las circunstancias demuestran que existe una falla en tal cuestión y según describió sabiamente Tomás Moro en su reconocida obra “Utopía”:… “En esto obráis y os imita en ello buena parte del mundo, como los malos maestros que prefieren azotar a sus discípulos que instruirles. Los ladrones están sentenciados a un suplicio cruel y horrible, cuando preferible sería asegurar a cada uno la subsistencia sin que nadie se viese obligado por necesidad, primero a robar y en consecuencia a ser ahorcado después”… para más adelante agregar… “apartad éstas calamidades perniciosas, decretad que quienquiera que hubiese destruido pueblos o granjas los reconstruya o que permita al menos que los reconstruyen quienes lo deseen. Póngase coto a las maquinaciones de los ricos y a que ejerzan esa especia de monopolio; redúzcase el número de ociosos, resucite la agricultura, créense manifacturas de lana para que nazca así una actividad honesta en la que pueda hallar ocupación esa turba de ociosos, tanto los que la miseria ha conducido ya al robo, como los vagabundos y criados sin oficio, que están a punto de convertirse en ladrones… Si no remediáis estos males, aplaudiréis en vano esa justicia tan perita en reprimir el robo, puesto que tiene más de apariencia que de útil y equitativa. Dejáis que se de a los niños una pésima educación y que sus costumbres se corrompan ya desde los años más tiernos y los castigáis al llegar a la virilidad por crímenes que su infancia hacía ya previsibles”…

Analizando cada una de estas palabras he tenido la amarga sensación de “ver” que desde la redacción de esta obra en el año 1.516 hasta la actualidad, nada ha cambiado. Y es así como encontramos niños hambrientos, desprotegidos, violándose cada uno de sus derechos y fundamentalmente, su libertad; jóvenes que padecen la falta de contención y de modelos a seguir, viendo cada uno de los miembros de la sociedad como la situación se torna día a día más compleja y sin control.-

¿Qué hay del poder político?, nuestros gobernantes esquivan la mirada ante tal panorama y nuevamente cito a Tomás Moro para quien “los que pretenden que la miseria del pueblo es una garantía de paz para el Estado, cometen un gran error, ya que ¿dónde abundan más las rencillas sino entre los mendigos?, ¿quién se afana con mayor deseo en cambiar el orden social sino aquel a quien desagrada la condición presente? y ¿no es el más audaz de los revolucionarios aquel que espera ganar algo porque ya no tiene nada que perder?. Un rey que sólo es menospreciado o enviado hasta el extremo de no mantenerse más que a fuerza de afrentas, expoliaciones y empobrecimiento a sus súbditos, procedería mejor abandonando sin tardanza el Poder que haciendo uso de tales procedimientos para conservarlo, con los cuales, aunque conserve el título, pierde la majestad sin duda alguna. Reinar sobre un pueblo de miserables no es propio de la dignidad de un soberano, a la que corresponde ejercer su potestad sobre los ricos y felices”… “Viva honestamente con lo suyo, adapte sus lujos a sus ingresos, refrene los crímenes y los prevenga mediante prudentes instituciones en vez de dejarlos crecer para castigarlos después”…

Peca de soberbio todo aquel funcionario político que se “SIRVE” de sus ciudadanos marginándolos en su propio beneficio. El déficit de la ética generado por ese hecho desemboca en una incontrolable anarquía difícil de dominar.-

La práctica y vivencia de los valores de manera eficaz, obtiene como resultado, la instauración de la moralidad social; la educación y la instrucción deberán tener como elemento preferencial el fomento de los valores y las virtudes en la persona, transformando su mente y su corazón.-

Será misión de cada uno de nosotros, los miembros de la sociedad, aquellos que no nos vemos corrompidos por el poder y por los intereses económicos, el conducir por el buen camino a aquellas personas que se encuentran en “situación de riesgo”, teniendo como pilar fundamental cinco valores universales: verdad, rectitud, amor, paz y no violencia. Sólo ellos promoverán la restauración de la humanidad.-

 

§7.- Bibliografía

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Fucito, Felipe. “Sociología del Derecho”. Editorial Universal. Buenos Aires, 1.999

 

Funes Artiaga, Jaime. “La nueva delincuencia”. Paidós Ibérica. Barcelona, 1.982

 

García Ramírez, Sergio. “Criminología, marginalidad y derecho penal”. Editorial Depalma. Buenos Aires, 1.982

 

Ingenieros, José. “Criminología”. Editorial L.J.Rosso. Buenos Aires, 1.919

 

Ingenieros, José. “Simulación de la locura”. Editorial L.J.Rosso. Buenos Aires, 1.918

 

Moro, Tomás. “Utopía”. Editorial Gradifco. España, 1.980

 

Winicott, Donald. “Deprivación y delincuencia”. Editorial Paidós. Buenos Aires, 2.005

 


 
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